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20 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Pescador de hombres

Esta canción siempre han logrado embriagarme de una tristeza profunda. Creo que la magia se encuentra en su contenido sencillo, verdader...

Esta canción siempre han logrado embriagarme de una tristeza profunda. Creo que la magia se encuentra en su contenido sencillo, verdadero y espiritual. He visto personas llorar al escucharla y creo que se debe a que nos hace mirar hacia adentro; donde somos poco dignos de tan gran amor.

Cuando la película de Mel Gibson, La Pasión , escandalizó a gran parte de la élite religiosa del mundo e hizo comprender gráficamente a millones de personas sobre el dolor físico que padeció nuestro Redentor quedamos afligidos y avergonzados de tanta crueldad. Y es que durante la Semana Mayor estamos más conscientes de nuestras culpas, del amor de Dios y el compromiso como familia y sociedad.

En los tiempos en los que vivimos ceñidos al maquiavelismo, debemos tratar de no alejarnos de la promesa de Cristo, del valor de su misericordioso sacrificio: El dolor de su muerte, la esperanza de la humanidad en la vida eterna y la alegría de la palabra de Dios cumplida en la salvación proveniente de la Resurrección de Jesús. Es por esto que, pese a los tiempos que vivimos, de nuestros problemas, nunca debemos dudar del amor de Dios.

Todas las estrofas de esta canción nos invitan a una conversión, a cambiar los rumbos de nuestra vida, pruebas y dificultades en los que estemos sumidos. No sólo durante la Semana Santa, sino siempre. Nadie está exento al pecado, sin embargo conocemos lo correcto y lo ignoramos en nuestro diario vivir.

Panamá, hoy sufre una explosión de problemas sociales que nadie se explica, mientras otros hallan la explicación en lo apocalíptico de los tiempos. No obstante, la salvación está en nuestras manos y mejorar el mundo es posible mientras cambiemos nuestro interior. Está canción nos hace llorar porque resume la misericordia de Dios, inmune a nuestro mal actuar, pero nos recuerda con tristeza lo poco agradecidos que somos con Dios.

“Señor me has mirado a los ojos; Sonriendo has dicho mi nombre; En la arena he dejado mi barca; Junto a ti buscaré otro mar...”.

-La autora es asesora de Relaciones Públicas.mmliceth@hotmail.com