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18 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un padre enamorado

Alberto Cutié, mejor conocido como Padre Alberto, declaró a la cadena Univisión que está enamorado de una mujer. Ruhama Buni Canellis, d...

Alberto Cutié, mejor conocido como Padre Alberto, declaró a la cadena Univisión que está enamorado de una mujer. Ruhama Buni Canellis, de 35 años, fue identificada como la mujer objeto de la devoción del sacerdote y madre divorciada que reside en Miami Beach. El joven sacerdote de solo 40 años admitió que pensó en abandonar el sacerdocio durante casi un año. Precisó que lamenta haber decepcionado a Dios y a sus seguidores, pero que no deplora en absoluto su romance con una mujer.

A través de la vida nos enseñan la diferencia entre el bien y el mal. Desde niños nuestra formación va encaminada a comprender cuáles son las reglas básicas para convivir en sociedad, siempre enfocadas en los valores transmitidos por nuestras familias, a este conjunto de normas necesarias para que la humanidad pueda sobrevivir le llamamos: moral. Sin embargo, cuando esta choca con un sentimiento que muchas veces es origen de la moral, como lo es el AMOR, es difícil decidir por cuál.

El Padre Alberto tuvo que decidir o ser moral dentro del marco de su concepción religiosa o sencillamente ir en busca de esa felicidad que produce el amor o una relación con el género femenino. No lo justifico ni lo recrimino, pero el asunto no es sencillo, es de amplio debate, críticas, o señalamientos que terminan en censura, sin saber el origen de esta decisión.

Una de las razones de la existencia del ser humano es la búsqueda permanente de la felicidad, que no es más que el estado de ánimo al poseer un bien.

Si partimos de esta definición podemos expresar: “que la felicidad completa es el estado de ánimo que nos produce al poseer el amor”. Ahora bien, hay veces que para poder obtener esa felicidad debemos faltar a la obediencia de algunas reglas morales de las cuales se sostiene la sociedad.

Afirmo esto al notar como muchas personas han tenido que romper lazos familiares de años y separarse de lo más importante que tenemos, la familia, pues, esta no comprende ni admite las decisiones que toman algunos por el amor.

Lo mismo sucede cuando aquel niño o niña de mamá decide, casarse con una persona no adecuada —según sus padres—, porque es mayor en años, o procedía de un matrimonio anterior, o porque es madre soltera, o la pobre se equivocó y tiene un currículo no muy deseado.

Quiero hacer la salvedad de que en todos los casos nadie estaba en busca de nada, solo que “eso” se presentó, tocó al corazón y se apoderó de ellos. Son todos ellos culpables de querer ser felices.

Lo que debemos preguntarnos antes de juzgar es si lo que hicieron fue en búsqueda de esa felicidad completa que produce al encontrar el amor.

-El autor es abogado.montenegrodavid@hotmail.com