Un diputado de la provincia caribeña de Colón se ha trepado en la curumbita del árbol del machismo para proponer un proyecto de ley que sancionaría a las madres que le adjudican su embarazo a un hombre (en la mayoría de los casos a su pareja tradicional) y resulta que el bebé que llevan en el vientre pertenece a otro individuo. Según el autor de la propuesta, “la paternidad en este país es un fraude; esta ley es para prevenir y para sancionar el fraude...”.

Ha contado el honorable, que: “saben que el hijo no es de él y le meten como dicen en Colón, un ‘gol’”; que constantemente ve muchachos por allí, que se dan cuenta de que los han engañado y repiten que “la mujer que tanto querían [les ha confesado que] el hijo no es de él”. Afirma con certeza que ahora “ese pequeño porcentaje de descaradas, van (sic) a tener una sanción de cárcel por andar tratando de meterle el hijo a un buen padre...”.

El político colonense denominó “meterle un gol” a esta situación muy particular en determinadas relaciones de pareja. Por su parte, “Meter un cují” es una expresión propia de la cultura panameña, de origen bastante desconocido. Resulta que ‘cují’ (Prosopis juliflora) es un árbol propio de los países vecinos de Venezuela y Colombia, que también se conoce como, trupillo o mezquite, leguminoso nativo de las zonas áridas y semiáridas de América.

La expresión “meter un cují” se suele emplear principalmente para aludir a una estafa, o más comúnmente a la atribución fraudulenta de la paternidad (hacer pasar a un hombre como padre de un niño que no es suyo); de uso coloquial, se asocia a la astucia para engañar a alguien. Se sabe que el árbol cují tiene las ramas muy enrevesadas y, por tanto, se relaciona con lo complicado o enredado; de allí la interpretación de la trampa y falsa concepción.

La profesora Margarita Vásquez en su Diccionario del español en Panamá opina que la frase aludida se refiere a “La paternidad atribuida a un hombre fraudulentamente” y en segunda acepción: “hijo que no es del padre a quien se le atribuye”. Coincide la autora con el estudioso de la lengua y académico Baltasar Isaza Calderón, quien, en Panameñismos, explica que es “Engaño, trampa” e ilustra con la frase “Le pegaron un cují”.

Esto último también es planteado por el Diccionario de americanismos de la Asociación de las Academias de la Lengua (ASALE), que identifica específicamente para Panamá el significado de “engaño o trampa”. En otros países vecinos la palabra “cují” se utiliza para describir a una persona tacaña, lo que refuerza la connotación negativa de “poco valor” en el trato con los demás.

El defensor de los padres engañados y diputado colonense se refiere al honor mancillado de los varones, pero no se refiere a la situación específica de las mujeres, que descubren a la larga de una relación con su esposo, que él tiene un “segundo frente” o ha engendrado otros hijos fuera del matrimonio. En muchos casos la dama se entera por terceros o porque alguna experiencia específica hace aflorar la travesura paterna.

¿Por qué no se le habrá ocurrido al legislador alguna medida que se aplique a este padre a quien se le descubran otros hijos no conocidos en el seno del hogar? Aquí es donde ha funcionado la percepción machista y, por tanto, la propuesta castiga a la esposa que ha tenido su aventura y que afecta a “hombres buenos, hombres responsables”, según el diputado. Sin embargo, se deja por fuera y ni se trata al hombre que hace lo propio fuera del tálamo.

“Cují” o “gol”, coinciden aquí en significados precisos en la cultura local y ahora se insertan en un proyecto de ley que llega cuando la sociedad panameña debe indefectiblemente, estar al tanto de problemas cruciales para construir el futuro y no desviar la atención en referentes tan superficiales. La transparencia, la decencia y la responsabilidad son atributos que representan un valor más elevado, que no suele caracterizar a algunas propuestas legislativas.

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