24 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Consolidación de Martinelli

Es indiscutible la legitimidad del presidente electo Ricardo Martinelli. Su principal desafío es consolidarse en el poder. No será tarea...

Es indiscutible la legitimidad del presidente electo Ricardo Martinelli. Su principal desafío es consolidarse en el poder. No será tarea fácil armonizar y dar cohesión a un gobierno heterogéneo por la conformación de una alianza política con intereses disímiles. Su Partido Cambio Democrático debe cogobernar con el Partido Panameñista, el Molirena y Unión Patriótica. Pero sus llamados a la unidad nacional van más allá de la alianza electoral y parecieran orientados a amalgamar un nuevo diseño político en medio de diferentes propuestas, intereses y actores. Para lograr esa cohesión nacional deben instrumentarse desde el Estado medidas para lograr la integración de la diversidad en la unidad, la homogeneización cultural y la suma de intereses de clase, económicos, gremiales, étnicos y de género.

Martinelli debe consolidar la responsabilidad conceptual del nuevo gobierno y su sustancia cívica. Resguardado por su círculo más íntimo debería reforzar su gestión con el concurso de intelectuales y académicos capaces de perfeccionar las políticas públicas mediante debates sobre las acciones del gobierno. Es pertinente una marcada erudición en ciencias sociales y políticas que actúe como una correa de transmisión para acortar la distancia entre la teoría y la práctica.

La visión de Nación de Martinelli parece ir más allá de un proyecto de poder. Para garantizar la gobernabilidad hay que profundizar en los planes para unificar a la sociedad en el combate contra la pobreza, el delito, los problemas de la educación, la salud, el transporte público y los altos costos de la canasta alimentaria. Una prioridad de su gobierno debe ser que no languidezca la mesa de los panameños.

Para consolidar el poder, Martinelli debe convertirse en un gran traductor de las cuestiones públicas. Debe generar previsibilidad, acercar la política a la gente y hacerle comprender a la ciudadanía que para gobernar es necesario encarar abiertamente las cuestiones más complejas y los problemas más intrincados. Debe lograr que la política se convierta en un espacio capaz de procesar las demandas, sueños y necesidades del Panamá moderno.

Los cambios experimentados en el mundo y en el continente también inciden sobre el Estado y la Nación panameña. De allí que el nuevo gobierno deba adecuarse a esa realidad cambiante y definir con equilibrio el papel que jugará dentro de los nuevos escenarios internacionales.

De la misma manera como los logros del próximo quinquenio deben comenzar por la consolidación del poder de Martinelli, así también es vital diseñar su propia arquitectura del poder, ubicar la realidad política en escena y encarnar en las instituciones la estabilidad que garantice la gobernabilidad democrática. Debe organizar el espacio público y el poder democrático que, al fin de cuentas, es el poder diseminado de la sociedad. Martinelli tiene la obligación de preservar ese capital político acumulado por el esfuerzo de una mayoría ciudadana que hizo una apuesta por la convivencia pacífica, libre, solidaria, racional y equilibrada. Panamá tiene historia y destino. Por eso el porvenir no puede buscarse en el pasado. La Nación es el resultado de una acumulación histórica, de la acción humana esencial, existente antes que cualquier orden político y fundamentada en la identidad del ser panameño.

-El autor es periodista.d_olaciregui@hotmail.com