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13 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un debate cultural

Mi humilde opinión del domingo pasado, sobre la integración de una autoridad que conjugue las actividades culturales con el turismo leva...

Mi humilde opinión del domingo pasado, sobre la integración de una autoridad que conjugue las actividades culturales con el turismo levantó tantas opiniones, que me reafirma lo que debe ser un debate trascendental para nuestra identidad como país, resumiendo algunas ideas expresadas por mis amables lectores.

Si bien es cierto que anteriormente estuvieron funcionando juntos la cultura y el deporte y el modelo no fue exitoso, Fernando Manfredo establece que desde los tiempos en que él iba a la universidad, lo que no funciona se repara, y que esa reparación no está en la fusión. Eduardo Pazmiño ahondó más señalando que como país, debemos estar claros dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos; hecho éste que implica una racionalización en el uso de los recursos escasos. Si lanzas medidas en el vacío, no hay posibilidad real de evaluarlas. Peor aún, la mera presentación de posiciones genera disputas que roban energías necesarias para lograr los objetivos que las necesidades requieren, pero que los actores desconocen. Señala que el tema invita a una discusión seria sobre cultura, porque de la misma emana la riqueza, determinación y fortaleza nacional.

Fernando Arias Chiari apuntó que no debemos temerle al ensayo, porque las opciones son: Puede que mejore con la unión o en el peor de los casos, no empeorará. Raúl Leis, advirtió que una cosa es conjugar (eso está bien) y otra cosa es subordinar (que no está nada bien). Mi propuesta se inclina por la primera. La incansable Alexandra Schjelderup me ilustró ampliamente sobre lo complejo del sector. En todas partes se están elevando los institutos de cultura a ministerios o, por lo menos, a alguna institución que pueda negociar en el Gabinete el desarrollo de programas intersectoriales (en temas como la prevención de la violencia, por ejemplo), a costo compartido de ministerio a ministerio. En un valioso documento me indicó los ejes transversales que son comunidad, turismo, nuevas tecnologías, y educación y apuntó a que el concepto de cultura = patrimonio monumental = turismo, fue ya una experiencia fallida en Panamá en los años 70. En resumidas cuentas, no todo lo turístico es cultural, pero mucho de lo cultural no es turístico y con una lógica de contención de gasto público, es claro que cuando haya que decidir dónde meter la plata se votará por el desfile de las mil polleras en detrimento de la publicación de los premios Miró, en definitiva, los retratos de nuestra identidad nacional.

No puedo citar a todos, pero exhorto, inclusive al ministro de Gobierno, que se hizo eco de mi tema en virtud de que ahora rige los destinos de la Banda Republicana, a que la orientación del debate vaya por allí, y que se haga de manera abierta y consensuada. No creo que entre las prioridades del nuevo gobierno esté el tema cultural, pero si se va a hacer algo, que se haga seriamente. Carlos Fong, promotor del INAC y autor de “la ‘defunción’ de la cultura” apunta atinadamente que ofrecer un paquete turístico cultural no es una propuesta para una política cultural coherente y la diferencia entre el turismo cultural y la identidad cultural la ponderó en el marco de la reconstrucción epistemológica de las ciencias sociales. Para esto advierte que no se puede experimentar con la institucionalidad de la cultura. Existen tensiones entre la diversidad y la universalidad en el marco de la homogenización de las manifestaciones culturales. Ahora, la bola está en la cancha de nuestros recién estrenados gobernantes.

-La autora es arquitecta y ex ministra de Estado.marielasagel@gmail.com