Temas Especiales

31 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un enorme desafío

Una idea lanzada hace un par de semanas parece tener mérito por los cuatro costados, porque la posibilidad de celebrar en Panamá los XXI...

Una idea lanzada hace un par de semanas parece tener mérito por los cuatro costados, porque la posibilidad de celebrar en Panamá los XXII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe en el año 2014 nos plantea, como nación, un enorme desafío. Se pondría a prueba nuestra capacidad para organizarlos y serían muchos los beneficios que nos traerían. Llama la atención, sin embargo, que el guante —aparentemente— no haya sido ya recogido con entusiasmo por las diferentes organizaciones deportivas a quienes les compete el tema, porque no habría tiempo que perder si vamos a acometer una tarea nada fácil, pero capaz de producir inconmensurables frutos en muchos aspectos.

La dimensión actual de estas competencias demandará la participación decidida de muchísimos sectores del país. Mientras que a los primeros juegos que se celebraron hace 83 años en la ciudad de México concurrieron 269 atletas de tres países para competir en nueve deportes, a los XXI Juegos que se celebrarán el próximo año en Puerto Rico se espera una concurrencia de más de 5,000 atletas de 32 países para competir en 37 deportes. Estos números implican la necesidad de contar con adecuadas instalaciones deportivas —gimnasios, estadios, velódromos, marinas, etc.— del nivel exigido para competencias olímpicas, y también las facilidades para albergar a los miles de atletas y técnicos que participarán en las competencias. En Puerto Rico el gobierno ha sufragado las obras de infraestructura necesarias, mientras que fuentes no gubernamentales financian los gastos operacionales; pero, a escasos 12 meses del inicio de las competencias es necesaria una inversión adicional de cerca de $30 millones, para completar la infraestructura y sufragar los gastos de operación.

Resulta claro que el esfuerzo tiene su costo financiero, pero los beneficios tangibles e intangibles para el país son evidentes. El gobierno deberá construir o adecuar las instalaciones deportivas necesarias para las competencias propiamente dichas, pero también tendrá que acondicionar más y mejores facilidades deportivas a lo largo del país, para la preparación de nuestros jóvenes atletas. El amor y la renovada dedicación de la juventud al deporte, alejada de la violencia o drogas, sería un tangible dividendo producido por esta meta nacional que nos impongamos. En todas las provincias deberá prender el fervor entre los jóvenes para prepararse con entusiasmo en todos los deportes, para poder desempeñar el papel honroso que corresponde al país anfitrión. Se convertiría en un objetivo nacional y sería un semillero de atletas capaces de continuar dando renombre mundial a nuestro país.

Ese mismo entusiasmo de la juventud habría de transmitirse al resto de la población, para que todos nos sintamos partícipes del esfuerzo por lograr ese claro objetivo nacional. El gobierno nacional tendría que mantener el liderazgo, correspondiendo al sector privado brindar el apoyo material necesario. Para beneficio de ambos sectores, Panamá sería el centro de atención del mundo deportivo regional durante los próximos cinco años y la afluencia de turistas extranjeros durante la celebración de los juegos será evidente. Panamá fue anfitrión en 1938 y 1970, habiendo competido desde 1930. En el 2014 podemos volver a demostrarle al mundo deportivo el país fuera de serie que seguimos siendo.

-La autora fue diputada de la República.mireyalasso@yahoo.com