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01 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El transporte y el Metro

El presidente de la República, Ricardo Martinelli Berrocal, ha puesto pies en polvorosa con sus principales promesas de campaña, las más...

El presidente de la República, Ricardo Martinelli Berrocal, ha puesto pies en polvorosa con sus principales promesas de campaña, las más inmediatistas, por lo menos, siendo una de ellas la del Metro, el único compromiso que señaló durante la contienda electoral, como solución a la problemática metropolitana del transporte público.

Hoy, ya contamos con la Secretaría del Metro, el grupo que tendrá que ponerle pies y cabeza a la ambiciosa idea del presidente, hacerla entendible, viable, sostenible y real.

La ciudad de Panamá se merece un Metro, estoy totalmente de acuerdo, pero como parte de una estrategia eficiente, programática y sostenible de transporte público, que claramente especifique los pasos a seguir para lograr ese proyecto y para llegar a un modelo de transporte social, económica y ecológicamente sostenible.

El Metro no es la panacea, es solo una parte de la solución que debe involucrar rutas alimentadoras, ordenamiento del transporte selectivo, competencia, entre otros aspectos.

En otras ocasiones he dicho que el problema del transporte público es más que metropolitano y he señalado que se requiere de una estrategia nacional y de una Ley Marco eficiente, que reemplace los instrumentos legales vigentes.

No obstante, esta sugerencia nunca ha sido tomada en serio e ignoro si la nueva directora de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) estará en disposición de al menos considerarla. No obstante, no es eje temático ahora, la ruta hacia el Metro es mi objeto en este momento.

El Metro tardará en ser realidad, lo entendemos, y el presidente ha pedido tres años; no obstante, alguna decisión se debe tomar sobre el sistema actual. Debemos seguir utilizando los buses, y siempre tendremos que utilizar buses; ¿pero y los “diablos rojos” ? Con respecto a esto hay que hacer algo, y no es más que sacarlos de circulación antes de julio de 2010.

En un año puede y debe la gestión de Martinelli lograr este cometido a través de las reformas legales necesarias, liberalizando la inversión en transporte público y estableciendo —gracias a un estudio breve y profundo de la ATTT— las rutas de operación para los nuevos inversionistas.

Bien el Estado puede formar o no parte del negocio y de las inversiones, algo como lo que se pretendía con el Transmóvil, pero de manera eficiente, transparente y despolitizada. Al programa Transmóvil hay que suspenderlo definitivamente, a la par de una planificación efectiva, que acabe con los “diablos rojos” a la mayor brevedad posible. ¿Es posible? Más que posible, necesario; y el compromiso del Metro lo hace aún más exigente.

La Secretaría del Metro debe estar clara que, cuando éste proyecto entre en funcionamiento, las rutas alimentadoras deberán estar operando eficientemente y con autobuses decentes.

Ya hay un proyecto que ha surgido de las propias bases transportistas, pero este exige una participación del Estado como garante, no como socio y esto es inadmisible.

El Estado puede ser socio, pero no garante de una inversión privada, porque las bases transportistas son privadas.

En menos de un año podemos despedir al último “diablo rojo” de las calles, sin pagar inmerecidas indemnizaciones y sin correrle el gusto a gremios que destruyen día a día la calidad de vida de los panameños.

El gobierno del Cambio debe comprometerse a lograrlo.

*Director | Revista Expresiones.augusto@expresiones7.net