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05 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Hasta cuándo?

La derrota sufrida por el PRD en las recientes elecciones y la rebelión que se está produciendo en muchos de quienes salieron favorecido...

La derrota sufrida por el PRD en las recientes elecciones y la rebelión que se está produciendo en muchos de quienes salieron favorecidos con el voto popular, rechazando la intromisión de sus mandos superiores para establecer las alianzas locales de gobernabilidad, deben servir de referencia para poder entender la magnitud y gravedad del estado actual de ese partido.

En muchos municipios e inclusive en el propio Órgano Legislativo los “electos” han pasado a negociar directamente con las autoridades sus espacios de poder. Incluso buena parte de los miles de activistas que quedaron “atrapados” en las oficinas gubernamentales hacen lo suyo para tratar de salvar sus ingresos ante el silencio cómplice de sus mandos superiores cuyas razones de negociación, con el recién estrenado gobierno, tienen otras motivaciones y no necesariamente políticas.

Mientras tanto, sus nuevos-viejos voceros arremeten contra molinos de viento en un vano intento de crear un enemigo, de adentro y de afuera, que los pueda unir o al menos administrar el tiempo, mientras se produce la esperada renovación de la dirección del partido. Nada del balance electoral, silencio frente a problemas concretos que ya se están manifestando en la vida política, mucho menos con los temas de desafío a la tradicional disciplina de la organización. La gente de a pie entiende que ese aferrarse del aparato, no tiene nada que ver con la institucionalidad del Partido. Falta el discurso. Lejos de promover la tolerancia y el diálogo incluyente, la política coercitiva intenta mantener el control de la situación, alejando con ello la posibilidad de retomar el camino correcto.

Mientras no entiendan, o entiendan y no lo quieren aceptar, o sencillamente no les importe, que el PRD padece una crisis de dirección y de identidad, la división del partido camina a sus anchas. Crisis porque el aparato ya no puede mandar. Por que en su seno se expresa una profunda lucha intestina de personalidades, que lo está desgarrando. Crisis porque sus bases y los propios “elegidos” , que hasta hace poco ponderábamos como parte de nuestra victoria electoral, se cansaron que los negociaran y decidieron saltarse al intermediario. O sea, crisis, porque su membresía rebasó a su dirección. No hay mando. No hay autoridad para ejercer el mando.

Los resultados electorales apenas si fueron un catalizador. Es sabido que todo en la vida es el resultado de una acumulación que puede darse evolutivamente o a través de un sorpresivo salto. Hay que investigar qué nos pasó en estos últimos diez años. Por dónde equivocamos el camino. Por qué nos fuimos quedando atrás, perdiendo nuestra identidad, desmantelando la vida orgánica, sustituyendo el ascenso por mérito por figuras incondicionales sin ninguna representatividad real en las bases, salvo el dedo que los ungía, de un crecimiento gigantesco sin planes de formación y politización para la nueva membresía. Qué nos pasó, pero también quiénes fueron los responsables directos, quiénes los cómplices, quiénes de los que ahora gritan ¡cambio! guardamos silencio y no supimos caracterizarnos.

Solo así podemos tener la esperanza de que ese cambio anhelado redundará en una refundación del glorioso PRD, que con tanto honor y orgullo dirigió un proceso de transformaciones que modernizaron el Estado panameño, impusieron la justicia social y liberaron a nuestro país de la infamia colonialista.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net