Temas Especiales

05 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Jaque al balance crítico

Compartí algunas clases con Joaquín Maizón en la Facultad de Comunicación Social a principios de la década de 1980. Para entonces, él co...

Compartí algunas clases con Joaquín Maizón en la Facultad de Comunicación Social a principios de la década de 1980. Para entonces, él contaba con más de 15 años de experiencia como periodista. En la búsqueda por perfeccionar su oficio, Maizón trajo al salón de clases y compartió esos conocimientos para beneficio de los más jóvenes. Me uno al dolor por su partida inesperada y al reconocimiento por el valor de su trabajo periodístico y su siempre gentileza como persona.

Hace cinco años, al inicio del gobierno del entonces presidente Martín Torrijos, expuse en un artículo titulado “La comunicación de la Patria Nueva” algunas consideraciones sobre el ejercicio de la comunicación del Estado. Hoy, en el marco de los esfuerzos del nuevo gobierno en esta materia, y haciendo una revisión sobre terreno recorrido, amplío mis aportes.

Por décadas el concepto de comunicación del Estado erróneamente se ha enmarcado primordialmente en la difusión de las actividades del gobierno de turno. Nada más basta revisar la definición que la Constitución de la República le concede a la palabra “Estado” , para comprender la deficiencia en el concepto utilizado. La administración del Estado recae sobre tres órganos vitales: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, por lo que la comunicación del Estado, basada en esta definición, debe encarar la tarea obligatoria de manejar la comunicación de estos tres órganos con el resto del país y con la comunidad internacional. Es entonces justo entender que la Secretaría de Comunicación de la Presidencia de la República es, en esencia, la Secretaría de Comunicación del Gobierno (Ejecutivo).

La comunicación del gobierno encierra, entre sus aspectos más importantes, la relación constante con los grupos de interés que va más allá de las relaciones con los medios o las relaciones públicas. Estas expectativas deben manejarse estratégicamente con el objetivo de conjugarlas, de manera efectiva y eficiente, directamente con los objetivos del gobierno.

La comunicación moderna de un gobierno o de un Estado debe tomar en cuenta la necesidad de formular políticas de comunicación coherentes y bien planificadas. Establecer canales interactivos y relaciones en áreas tales como: la comunicación interinstitucional, la comunicación internacional, la comunicación con los órganos Legislativo y Judicial; con la comunidad, con los gobiernos locales, los sectores políticos, el sector privado y muchos otros.

Se deben definir las estructuras de comunicación de arriba hacia abajo e interinstitucionalmente; ¿Qué institución, por sus objetivos y responsabilidades, necesita que haya una estructura de comunicación más abarcadora o más reducida? ¿En qué instituciones se necesitan relacionistas públicos? ¿En qué instituciones se necesitan periodistas, si es que se necesitan? ¿Es estratégico nombrar a periodistas en las direcciones de comunicación de las instituciones? ¿Cuentan los asignados a estas posiciones con una visión moderna y científica de la comunicación institucional u organizacional?

Lo que traen los periodistas al esfuerzo de comunicación gubernamental es su relación con su gremio y eso es útil y positivo para la institución; sin embargo, no sé si concuerda con su papel fiscalizador de los asuntos que la sociedad vive, entre esos los asuntos de Gobierno y Estado. Nombrándolos en los gobiernos, tal cual ocurre ahora, comprometen su objetividad periodística futura y pone en jaque el balance crítico que como profesionales deben tener. Las instituciones necesitan comunicadores integralmente preparados; con un concepto institucional, corporativo u organizacional de la comunicación.

La comunicación institucional a nivel directivo necesita que el ejecutor o ejecutora tenga una formación adecuada, una visión estratégico-gerencial y moderna de las ciencias de la comunicación. La comunicación administrada por estos profesionales debe ser expansiva e inclusiva, no enfocada o dirigida en las relaciones con los medios únicamente.

Los retos de este gobierno en materia de comunicación son esencialmente los mismos del gobierno pasado. Rechazar el impulso por la propaganda fácil y adherirse al compromiso de mantener una comunicación con el país. Deben formular claramente sus metas de comunicación y divulgación y cumplir con el propósito —ante todo— de la verdad, por muy difícil que fuese. En ese sentido, si el objetivo del gobierno es encaminar a la Nación hacia la aceptación de un nuevo modelo de gobernar, en el marco de los cambios prometidos y, hacia el perfeccionamiento de la administración del Estado, entonces la comunicación del Gobierno y del Estado, su gestión y su manejo, deben diseñarse bajo las mismas premisas y con el mismo compromiso.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com