Temas Especiales

29 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Si yo tuviese 900,000 votos

Creo que, como a todos, me gusta imaginarme cómo sería yo si tuviese lo que considero que nunca tendré. Cuántas veces me he imaginado qu...

Creo que, como a todos, me gusta imaginarme cómo sería yo si tuviese lo que considero que nunca tendré. Cuántas veces me he imaginado qué haría yo con los millones de Bill Gates, con el parecido de Brad Pitt, con la fama de un JFK. Por supuesto que siempre encuentro lo que ellos, los reales, hacen mal o dejan de hacer, mientras sueño lo que yo haría.

En el caso del dinero y la fama, ya Dios nos advierte los peligros desde tiempos ancestrales, inclusive en nuestra religión católica hay pecados capitales más censurados que los propios diez mandamientos vinculados a eso: la avaricia, la envidia, la vanidad, y yo agrego la ostentación. En política, en especial con el poder, ocurre lo mismo. Los peligros del político dependen de su poder. A más poder, más posibilidad de extralimitarse.

A veces pienso cómo sería yo, electo presidente de Panamá, con 900,000 votos de 1.5 millones en total. Primero tengo que concluir que lo que prometí definitivamente era lo que el pueblo quiere que haga. Si dos terceras partes me prefirieron, sobre un partido que sale de hacer un buen gobierno, obvio que yo dije lo que el pueblo quería oír y se ha convencido de que no solo lo voy a hacer, sino que lo puedo hacer. De allí que mi gobierno es sencillo, hacer lo que dije.

No tengo que ponerme en los zapatos del presidente Martinelli para entender sus primeros pasos. Ha hecho lo que esperaba yo que hiciera, “yo pueblo panameño”. Demostrarme que hará lo que prometió. En matemáticas el orden de factores no altera el producto, en política sí. El presidente sabe que lo primero que tiene que hacer es dar lo que más pidió el electorado: acabar con los limpios que salieron millonarios, bajar la canasta, darle los $100 a los viejitos y atacar la delincuencia. Lo primero, Martinelli sabe que corresponde al Ministerio Público, pero puede dar ejemplos atacando lo que aparezca corrupto en el manejo del Ejecutivo, ejemplo, las concesiones, nombramientos de botellas, alquileres desproporcionados. Su ejemplo motivará al resto a actuar en la misma dirección.

Igualmente ha atacado la canasta básica y ayer entregaba la primera inscripción al programa “100 a los 70”. El gobierno, no lo dudo, ha empezado con buen pie. Al margen de pequeños tropiezos y algunos errores, las primeras semanas han sido efectivas. Ahora bien, volvamos al mandato extraordinario que recibió el presidente. Con más del 60% de apoyo, el peligro es que se le suba el puesto a la cabeza. Que reduzca el círculo primario que lo aconseja y advierte de errores, cayendo en un mandato rodeado de aduladores sin espacios para la crítica constructiva. Mientras mayor sea el mandato, más posibilidades de extralimitarse. Su presencia en el relleno Figali en Amador y sus palabras allí, que le recomiendo vea el video, mostraban un presidente casi dictatorial. No era un funcionario aplicando las leyes y órdenes jurisdiccionales, era más un mandatario déspota. ¿Para qué asustar a inversionistas y empresarios si lograban lo mismo siguiendo los pasos legales?

El cargo mientras más alto requiere de más humildad. Se admira al poderoso que muestra humildad, más que al que muestra autoridad. Más respeto logró Omar con su sencillez y humildad, aún con el poder que tuvo, que el “desde ya” de un Paredes. A todos estos nuevos funcionarios, ojalá y empiecen a mostrar humildad, atrás quedaron los 900,000, que se multiplicarán con logros o reducirán con fracasos.

*Ingeniero y analista político.marognoni@cwpanama.net