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22 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

50 años de horror y sangre

jorge de las casas*. Hace 50 años un grupo minúsculo de la sociedad española decidió que si no los oían por las buenas, los oirían de t...

jorge de las casas*

Hace 50 años un grupo minúsculo de la sociedad española decidió que si no los oían por las buenas, los oirían de todas maneras y ellos alcanzarían sus objetivos políticos por las malas. Y así fue como Euskadi Ta Askatasuna hizo su espantosa aparición en el mundo público contemporáneo.

Espantosos, tristes, injustos, crueles, no hay adjetivos que sobren para calificar los inhumanos actos de ETA, que bajo la excusa de procurar la libertad de la Patria Vasca, van sembrando bombas, ejecutando, secuestrando y extorsionando, sin respeto por las normas de la sociedad humana. ETA solo ha acumulado para sí el repudio de la sociedad española e internacional. Pero les vale bien poco.

¿Es que acaso tiene lógica el terrorismo? A ETA ni siquiera le interesa que la mayoría del pueblo vasco no sea independentista (muchos ni siquiera son nacionalistas). Pero, igualmente, ETA siente que su voz es la verdad y que esa verdad debe imponerla a sangre y fuego. Y lo peor es que, en el tiempo transcurrido desde el aciago día de su fundación, ya han educado a una nueva generación en sus antivalores.

Hijos, niños y adolescentes para el terrorismo; ese es el saldo peor de esta religión de las armas, porque se enseña a la gente a matar antes que a amar, a dialogar, a colaborar, a pensar. El terrorismo es una bestia feroz donde quiera que alce su cabeza. En España se viste de nacionalismo laico. En otras partes se disfraza de ideales religiosos. En el fondo, el otro —el vecino, el prójimo, el conciudadano— y sus ideas, su forma de pensar, no cuentan. Ante el repudio universal que ETA concita, los jóvenes de hoy deben analizar muy bien el terrible error que significa caminar por este sendero de sangre. Las ideas se debaten. Y si no se tiene razón, se deben revisar los ideales y la conducta. ETA no consigue su propósito porque, para empezar, su pensamiento no es representativo de la sociedad. Y eso deben aceptarlo.

*Filósofo e historiadorjordi1427@laestrella.com.pa