Temas Especiales

27 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Ni una lágrima más

Un niño maltratado tiene lesionado su cuerpo y su alma con una autoestima mermada y un sentimiento profundo de culpabilidad y desesperan...

Un niño maltratado tiene lesionado su cuerpo y su alma con una autoestima mermada y un sentimiento profundo de culpabilidad y desesperanza en que se enfrenta día a día a su infierno particular muchas veces sin ser consciente del delito al que está siendo sometido. Hasta se siente merecedor del trato recibido. En definitiva, está atrapado en una espiral de violencia de la que le resulta casi imposible escapar.

Al ver el video de aquel miserable descargando su ira contra una criatura indefensa, no me extrañó en lo absoluto. Esa es la vida diaria de muchos de nuestros niños que viven inmersos en una sociedad indiferente que no ve y no escucha, que se les nubla la razón en asuntos de una paternidad y maternidad responsable y que el silencio hace que se conviertan en cómplice de los problemas psico-sociales y de desigualdad que recae en aquellos seres desprovistos de una real política social y de un proyecto de vida humanizador.

En este marco, encontramos que la violencia tiene muchas caras, se disfraza de mil ropajes, se escuda en mil excusas y pretextos, se desliza a velocidades vertiginosas sin ninguna cautela por la pendiente de la astucia desmedida, utilizando para ello la fuerza física y de la palabra que golpea, que agrede, que mata, para finalmente esconderse bajo las sombras de la ignorancia y la pobreza de espíritu.

Las víctimas principales de los escenarios más violentos son mujeres y niños que son tratados con tremenda severidad y dureza dentro de sus hogares. Y algunas mujeres, a pesar de que sienten el rigor acumulado de humillaciones y maltrato por parte del hombre hacia sus hijos, siguen aferradas besando el látigo que las golpea, no quieren cortar sus cadenas de sinsabores, no quieren ni les interesa salir de la cárcel de sus frustraciones.

Y ni qué decir de aquellas mujeres que sucumben por amor llevando a cuestas grandes crisis emocionales, paquetes muy pesados en ambientes densos, muy duros de digerir, silencios obligados por chantaje sentimental, por vergüenzas, por temores, por cobardías y hasta por negligencias para actuar.

Panamá se ha vestido de luto por varias generaciones, y lejos de que la sociedad en quiebra sienta ánimos de mejorar, cada vez está peor en un mundo “de baratillo” y en “bancarrota de todos los valores” , donde es la misma sociedad quien juzga y hasta condena sin otorgarle a la mujer y a sus hijos ni siquiera la oportunidad de poder defenderse.

¿Dónde están los culpables? Aquellos que atropellan y denigran la dignidad de la mujer y de sus criaturas. Los asesinos de valores y sentimientos, los responsables de que permanezcan marginados, devaluados, incapacitados para levantarse del inmundo lodo de la tierra.

Apelamos a la conciencia humana para que cese la violencia en contra de nuestras mujeres y niños, otorgándoles ojalá, el lugar digno que merecen y que deben ocupar dentro de la sociedad y dentro de su propia naturaleza. No permitamos ni una lágrima más..

*Especialista de la conducta humana.gemiliani@cableonda.net