• 24/01/2026 00:00

China: tan comprometida con la paz por su gene y tan resuelta para defender la unidad nacional

El 13 de junio de 2017, Panamá tomó la decisión estratégica de romper supuestas relaciones diplomáticas con Taiwán y establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, poniéndose del lado correcto de la historia y sumándose a la absoluta mayoría de los países del mundo. Sin embargo, en cuanto a algunas cuestiones relacionadas con Taiwán, muchos amigos panameños aún no las tienen muy claras.

Taiwán ha sido desde tiempos antiguos parte inherente e inalienable del territorio chino y nunca ha sido un país independiente. Tras la Segunda Guerra Mundial, la provincia de Taiwán, que había estado bajo ocupación japonesa durante un largo período, retornó a China de conformidad con los tratados internacionales. No obstante, debido a que China se encontraba entonces inmersa en una guerra civil, la parte derrotada —el gobierno de la República de China encabezado por Chiang Kai-shek— huyó a Taiwán.

En 1949, se fundó la República Popular China, que sustituyó a la República de China en todo el territorio chino. Conforme al derecho internacional, Taiwán pasó naturalmente a ser una provincia de la República Popular China.

En 1971, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2758, en la que decidió “restituir todos los derechos a la República Popular China, reconocer a los representantes de su Gobierno como los únicos representantes legítimos de China ante las Naciones Unidas y expulsar de inmediato a los representantes de Chiang Kai-shek del lugar que ocupaban ilegalmente en la ONU y en todos los organismos relacionados”. Desde entonces, el principio de una sola China ha sido un consenso prevaleciente de la comunidad internacional.

Sin embargo, en varias décadas, las fuerzas secesionistas en pos de la “independencia de Taiwán” se han ido formando. Este reducido grupo ha tergiversado la historia, engañado a la población y conspirado con fuerzas extranjeras, con el intento de separar a Taiwán de la patria. Incluso, hay quienes niegan ser chinos.

La mayor fuerza externa que respalda la “independencia de Taiwán” es Estados Unidos. Los tres comunicados conjuntos entre China y EE.UU., base política de las relaciones sino-estadounidenses, estipulan claramente que EE.UU. reconoce que Taiwán forma parte de China y que el Gobierno de la República Popular China es el único Gobierno legítimo que representa a China. En el comunicado conjunto entre China y EE.UU. del 17 de agosto de 1982, EE.UU. se comprometió explícitamente a reducir gradualmente la venta de armas a Taiwán y a resolver finalmente esta cuestión. Sin embargo, EE.UU. ha incumplido reiteradamente sus compromisos, y para apoyar a las fuerzas secesionistas en pos de la “independencia de Taiwán”, no deja de vender armas a la Isla. Hace poco, EE.UU. anunció un plan de ventas de armas a la región de Taiwán de China por un valor total de 11.000 millones de dólares, que incluirá una vez más una gran cantidad de armamento avanzado. Esta acción ha emitido una señal gravemente errónea a las fuerzas secesionistas dentro de la isla, socavado la paz y la estabilidad regionales. China ha expresado su gran descontento y categórico rechazo al respecto, tomando contundentes contramedidas al respecto.

Al igual que Panamá, China es un país amante de la paz sin ningún gene de agresión ni expansión. En el siglo XV, el PIB de China representaba cerca del 40 % del total mundial. Zheng He comandó entonces la mayor flota del mundo en siete viajes marítimos hacia Occidente, llegando hasta el Sudeste Asiático y el Cuerno de África, y no llevó guerras ni sufrimiento, sino comercio y cultura. Desde la fundación de la Nueva China, el país no ha iniciado proactivamente ninguna guerra de agresión ni ha ocupado una pulgada de territorio ajeno. Es el único país que ha incorporado explícitamente a su Constitución el compromiso de “seguir el camino del desarrollo pacífico”, y es también el gran país con el mejor historial en materia de paz. Al mismo tiempo, China ha otorgado desde tiempos antiguos suprema importancia a la unidad nacional, y su determinación de salvaguardarla es tan sólida como un peñasco. No reclamamos ni una pulgada de territorio que no pertenezca a China, ni permitiremos que se separe una pulgada de tierra del territorio chino.

Desde hace mucho tiempo, el Gobierno chino se ha adherido a la directriz de “reunificación pacífica y un país, dos sistemas”, impulsando la reunificación de ambos lados del estrecho de Taiwán. Los compatriotas de las dos orillas, unidos en consanguinidad, somos de la misma familia con un fuerte vínculo afectivo. Siempre prestando respeto, atención y beneficios a los compatriotas taiwaneses, continuaremos dedicándonos a la promoción de los intercambios y la cooperación económicos y culturales entre ambos lados del Estrecho, profundizaremos el desarrollo integrado de sus diversos ámbitos.

Taiwán es de China. La resolución de su cuestión es asunto propio de los chinos, y deben ser los chinos quienes la decidan. Persistiremos en trabajar con la mayor sinceridad y el máximo esfuerzo por una perspectiva de reunificación pacífica, pero nunca nos avendremos a renunciar al uso de la fuerza armada y nos reservamos la opción de adoptar todas las medidas necesarias, lo cual no va dirigido de ninguna manera contra los numerosos compatriotas taiwaneses, sino contra la intromisión de fuerzas externas, así como contra una ínfima minoría de secesionistas adeptos a la “independencia de Taiwán” y contra sus actividades secesionistas.

Desde la apertura de relaciones diplomáticas entre China y Panamá, el principio de una sola China ha sido siempre la base política de las relaciones bilaterales, así como un consenso transversal entre partidos y sectores de la sociedad panameña. En la cuestión de si Taiwán puede establecer una oficina económica y comercial en Panamá, el Gobierno panameño ha mantenido una posición correcta. La existencia de oficinas de representación de Taiwán en otros países es una cuestión heredada de la historia, y se está resolviendo con cada día que pasa. Desde el inicio de las relaciones diplomáticas, Panamá tomó la decisión de no permitir el establecimiento de tales oficinas de Taiwán en Panamá. La rueda de la historia no puede sino avanzar hacia adelante, en vez de retroceder hacia atrás. En noviembre del año pasado, el presidente José Raúl Mulino declaró públicamente que el Gobierno panameño se adherirá firmemente al principio de una sola China, y altas autoridades panameñas también dejaron claro que el establecimiento de una oficina de Taiwán no está en la agenda, a lo que China expresa su alto aprecio. Estamos dispuestos a trabajar junto con la parte panameña para promover activamente la cooperación en todos los ámbitos, con miras a beneficiar mejor a ambos pueblos. Además, con una visión global, es menester practicar conjuntamente el verdadero multilateralismo y salvaguardar las normas básicas de las relaciones internacionales, incluido el principio de una sola China, para seguir siendo defensores del orden internacional y contribuyentes a la gobernanza global.

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