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22 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Pablo Emilio Campodónico

Se nos fue “Loquillo” una de estas noches, al igual que un pedacito de Chitré.. Con su solitaria partida arrastra montones de recuerdos...

Se nos fue “Loquillo” una de estas noches, al igual que un pedacito de Chitré.

Con su solitaria partida arrastra montones de recuerdos sin herencia, pero nos deja como legado una lluvia de honradez, una vida llana sin malicias y menos de envidia ajena al resentimiento.

Claro que lo vamos a extrañar, seguro que su descoordinada expresión nos va a hacer falta, al no sentirlo en el sigilo de la noche con su lánguida mirada de gato, su eterna compañía en los mil velorios o con su invariable postura sibarita en todas las fiestas del pueblo, junto a la quema de voladores.

A Pablo Emilio nadie lo conoció, pero a “Loquillo” lo vamos a echar de menos, siempre atento y servicial, todo el tiempo sandunguero sin gracia, con su eterno cigarrillo en la boca y en su mano la bebida que lo destruyó.

Pero nada de eso pudo cambiarlo de ese norte saleroso que lo impulsó día tras día, fiesta tras fiesta, con la misma gracia arrítmica o con el mismo silencio al dolor, a la tristeza o al egoísmo, que expulsó para labrarle ese pedestal a su apellido.

“Loquillo” , cuando lo abordábamos, sabía demorar las respuestas, mientras buscaba la mejor forma de contestar, con su eterna jovialidad, que representó el barniz que le dio la justificación de su existencia en la sociedad, que muy pocos premiaron con algún poquito de algo.

“Loquillo” estuvo mucho tiempo a la deriva sin la familia consanguínea que se le acabó, pero sí disfrutó el abundante linaje de amigos y conocidos, que para despedirlo lo acompañaron al cementerio, junto a la quema de unos voladores para sepultar sus restos como un verdadero chitreano de pura cepa.

*Abogado.cherrera@cwpanama.net