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30 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

En el 90Áº aniversario de la SPIA

Es poco conocida y aceptada la importancia de la arquitectura y de la ingeniería en la vida y el desarrollo del país. Estos profesionale...

Es poco conocida y aceptada la importancia de la arquitectura y de la ingeniería en la vida y el desarrollo del país. Estos profesionales combinan sabiduría e inspiración para modelar y construir sistemas en la práctica, y es que, sin una infraestructura adecuada, no es posible una producción competitiva, una educación genuina o una sociedad moderna e inclusiva.

Acerquemos a la gente a los numerosos e ilustres profesionales de la ingeniería y de la arquitectura que ayudaron a construir a nuestro Panamá con sabiduría y valor, reconociéndoles públicamente su labor, al cumplirse pronto dos aniversarios significativos: El Centenario del Canal de Panamá y el de la muy honorable Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), en la que mostraron y muestran sus realizaciones y sus afanes de construcción de un gran país.

Alentemos la realización de grandes obras generando la infraestructura moderna que requiere el país, apuntando a las construidas por el Estado como las de vialidad, transporte, energía, comunicaciones e hidráulica, entre otras, incluyendo aquellas llevadas a cabo por la gestión privada, favoreciendo con ello, múltiples iniciativas pendientes, de largo aliento, que constituyen verdaderos estímulos económicos y anímicos en el momento actual.

Frente a algunas trivialidades de la sociedad actual, inmersa en las nuevas tecnologías y el frenesí del consumo, surgen muchos aspectos. En particular, el empleo de la ciencia requiere una educación que abarque la técnica, la historia y el humanismo, aportando claridad a las innovaciones tecnológicas, rescatando una idea de progreso, hoy oscurecida por lógicas que despiertan efímeros entusiasmos.

En las primeras décadas del siglo pasado, importantes pensadores, como Ortega y Gasset, vaticinaban una “ civilización artificial “, que requeriría una severa consistencia ética. Presagiaban un desequilibrio peligroso entre la complejidad de los problemas sociales y el comportamiento limitado de los humanos. Reconocían en la ciencia y la tecnología una portentosa lámpara de Aladino de enormes y beneficiosas posibilidades, y, a la vez, una perversa caja de Pandora, capaz de liberar maldades inimaginables, atrocidades sociales e indeseables desastres culturales y ambientales.

Ante la dimensión que la ciencia y la técnica han adquirido, no solo por la amplitud de sus aplicaciones, sino también por la magnitud de sus consecuencias, la ambivalencia señalada torna imprescindible una reflexión que permita orientar el potencial de la arquitectura y de la ingeniería para resolver problemas acuciantes; para evitar caer en el discurso exagerado de los progresistas exaltados, como en la denuncia amarga y fútil de los detractores.

Comprendiendo los obstáculos, nuestros arquitectos e ingenieros deducen las mejores soluciones para afrontar las limitaciones encontradas cuando se tiene que producir y utilizar un objeto o sistema. Saben que Vida, Seguridad, Salud y Bienestar dependen de su juicio y actúan en consecuencia.

El conocimiento histórico sobre los protagonistas inspira siempre las acciones del futuro. Al mismo tiempo, prestemos atención a las mejoras que debieran adoptarse para la educación de los arquitectos e ingenieros, en particular la incorporación de mayor capacidad de investigación tecnológica y de verdadera formación integral. Observar estas profesiones en un contexto de ciencia, técnica, arte y humanismo, proporciona un ideal de saber para nuestro país.

Es necesaria una mirada esperanzadora de aspectos épicos de la construcción del país, donde nuestros profesionales fueron revolucionarios en su tiempo, pues, dieron vuelta a la tierra en que vivían, analizaron la realidad del momento, produjeron cambios y abrieron, así, la senda a nuevos y mejores horizontes.

*Ex presidente de la SPIA.arquinde@cableonda.net