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29 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El efecto colombiano

El acuerdo por el cual Colombia facilitó el uso de siete bases permitió a Estados Unidos de América (EUA) recuperar la presencia militar...

El acuerdo por el cual Colombia facilitó el uso de siete bases permitió a Estados Unidos de América (EUA) recuperar la presencia militar en la Región después del retiro de Panamá hace una década y benefició los planes reeleccionistas del presidente Álvaro Uribe. También aceleró la salida de los soldados estadounidenses de la base aérea de Manta, Ecuador, y motivó que Paraguay cancelara los ejercicios militares conjuntos con EUA por considerarlos imprudentes e inconvenientes.

Uribe logró que el Congreso, en una polémica decisión marcada por denuncias de compra de votos, sobornos y millonarias dádivas a legisladores, aprobara la realización de un referendo para cambiar nuevamente la Constitución —ya lo había hecho para allanar su anterior reelección— y presentarse a un tercer mandato. Convertido en un monarca de su país, Uribe ampliaría su aislamiento internacional, dañaría aún más la imagen de Colombia y estimularía los proyectos autocráticos en América latina.

Ante las exigencias de garantías jurídicas de que los acuerdos militares estén limitados al territorio colombiano, Bogotá ha respondido que son para defender la democracia y la libertad. Eso ha generado alarma entre los gobiernos sudamericanos, quienes argumentan que EUA podría atacar desde Colombia a los países que a su juicio violen esos principios.

En defensa del acuerdo, EUA agitó la supuesta penetración de Irán y Rusia en la Región, contradiciendo su profundo realineamiento geopolítico al cancelar la semana pasada el escudo nuclear en Europa para seducir a Moscú y tratar de aliarlo contra Teherán. Nada se dice de Colombia como el mayor receptor de ayuda militar de EUA después de Afganistán e Iraq.

Frente a la amenaza, Venezuela anunció un crédito de Rusia para adquirir un centenar de modernos tanques, baterías antiáreas y misiles. Caracas ya ha comprado a Moscú una veintena de cazabombarderos, medio centenar de helicópteros y 100,000 fusiles. Venezuela ha reiterado que su objetivo es defender sus reservas de gas y petróleo. Es el mismo argumento de Brasil. Su tesis militar apunta a proteger la Amazonía y los yacimientos de diamantes, oro y uranio, además del gas, petróleo y las riquezas forestales. El otro objetivo es defender el litoral Atlántico y las reservas petroleras de la plataforma submarina.

Brasil se ha posesionado como una potencia regional con proyección global. Unas fuerzas armadas disuasivas resultan coherentes con ese papel. Bajo esa visión ha comprado a Francia cinco submarinos —uno nuclear que sería el primero en Latinoamérica— 36 cazabombarderos, un centenar de helicópteros y aviones de transporte y una flota de barcos militares de última generación.

Este reequipamiento de países sudamericanos rompe el equilibrio militar como reacción al efecto Uribe y podría acarrear consecuencias en la estabilidad y la seguridad regional. Nada garantiza, además, que las fuerzas armadas hayan aprendido a trabajar con los gobiernos civiles en beneficio de la seguridad colectiva.

-El autor es periodista.d_olaciregui@hotmail.com