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20 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El manual del gobernante

En la vida hay cantidad de cosas que simplemente se aprenden, nadie te las enseña, solito las aprendes. ¿Alguien acaso nos enseñó a ser ...

En la vida hay cantidad de cosas que simplemente se aprenden, nadie te las enseña, solito las aprendes. ¿Alguien acaso nos enseñó a ser padres o madres? Simplemente recordamos lo que nuestros padres hacían, lo que nuestros abuelos nos dijeron y luego con fracasos, desilusiones, frustraciones y mucha felicidad, aprendimos. O creíamos que aprendimos. Otra función que nadie te enseña es a mandar. Lo malo es que casi es natural que nos guste mandar. Desde pequeños tendemos a mandar o, al menos, a exigir, lo que casi es lo mismo.

Solamente con el tiempo aprendemos, solitos, cómo conseguimos que nos hagan caso. Unos con fuerza y atemorizando, otros con amor y cariño, otros persuadiendo.

Inclusive en común, particularmente en las mujeres, hacernos creer que mandamos, cuando en el fondo ellas nos dirigen y manipulan para que “mandemos” lo que ellas desean.

Pero si ser padre, si mandar, se aprende solo, ¿qué decir de gobernar? Otro verbo que resume la falta de manual y entrenamiento del que lo practica. ¿Alguien ha aprendido a gobernar en alguna escuela o universidad? Bien se dice que “nadie aprende en cabeza ajena”, igualmente nadie aprende en gobierno ajeno.

Cada gobernante tiene su estilo, su forma de dirigir, su manera de gobernar. Los primeros 100 días de un gobierno dan la tónica del tipo de estilo y gobierno que se tendrá. Si hoy, a días de completar los primeros 100 días, resumimos el estilo del gobierno que tendremos estos cinco años diríamos que será populista, con poco protocolo, impredecible y, sobre todo, “ metepata ”.

El inicio del gobierno, a falta de un manual para gobernantes, se rige por las reglas que el presidente indica y, con su característica sencillez, les advirtió que “pueden meter la pata, mas no las manos”. Algunos funcionarios, desde alcaldes, ministros y diputados le han tomado la palabra al pie de la letra. Con frecuencia y sin reparos, meten la pata, en actuaciones como en intervenciones. Se contradicen en público, se equivocan de plano, se retractan y siguen simplemente en sus cargos.

Al inicio del gobierno se les pidió un plan de los primeros 100 días, llegando al final del período de prueba, muy pocos han siquiera cumplido la mitad de lo que propusieron. ¿Por qué? Simplemente su falta de experiencia y el haberse quedado en lo que sí supieron hacer, campaña electoral, han dedicado el tiempo a repetir sus promesas de campaña, atacar a sus adversarios políticos, mantenerse en campaña y no producir resultados al pueblo.

Las áreas más sensitivas del electorado, la canasta básica, la seguridad, el transporte, siguen igual o peor. Los viajes presidenciales, criticados ayer, son justificados hoy, los contratos directos criticados ayer son repetidos ahora, la parentela nombrada tan criticada ayer, es nombrada nuevamente hoy.

La conclusión del electorado es que definitivamente no importan las promesas de campaña, hay un manual del gobernante de circulación restringida que le dice al que llegue exactamente que haga lo mismo que los anteriores: sube los impuestos, compra directamente, nombra los parientes de tu equipo, evita las licitaciones, échale la culpa de todo a la oposición, acúsala de corrupción y mantén tu discurso de campaña, no importa si lo cumples o no. Al final, el electorado, si te manejas bien, te mantendrá con alta popularidad por lo que dices, no por lo que haces.

*Ingeniero y analista político.marognoni@cwpanama.net