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09 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Golpe de timón

El voto de los directores nacionales convirtió a Francisco Sánchez Cárdenas y Mitchell Doens en los máximos dirigentes del PRD, ¡y vaya ...

El voto de los directores nacionales convirtió a Francisco Sánchez Cárdenas y Mitchell Doens en los máximos dirigentes del PRD, ¡y vaya en qué momento! La declinación de Balbina Herrera es algo que hay que ponderar. Esta decisión hará que, en algún momento futuro, ella recupere su posición de referente legitimado por los votos de sus copartidarios, tal y como pasó con quienes hoy tienen la responsabilidad de conducir al partido hasta puerto seguro.

Si hubiera que hacer un diagnóstico o inventario sobre el PRD, habría que anotar significativos faltantes. No solo menos votantes que los inscritos en las últimas elecciones. Desde las primarias, quedó afectado por profundas contradicciones internas. Figuras con más apetito político que lo que son capaces de digerir (entiéndase dirigir), se entregaron a un canibalismo insaciable. De ser un partido ágil, sano y robusto, se convirtió en lento, mórbido y obeso. Se registra ausencia de contenido ideológico, de compromiso y posiciones consecuentes con la base social que lo ha sostenido, además de un despiadado oportunismo que ha convertido en mercancía al más pequeño o insignificante gesto de militancia.

Pero, pese al diagnóstico, la votación de los directores nacionales para elegir un Comité Ejecutivo Nacional provisional permite observar algunos signos vitales que dejan ver la posibilidad de una recuperación del partido político más grande del país, que lógicamente deberá pasar por un tratamiento intensivo.

Sánchez Cárdenas y Doens muestran credenciales para enfrentar tan dura realidad y encargarse de ese tratamiento. A lo largo de su trayectoria se han comportado como cuadros de convicción política, que nadie en el partido puede poner en tela de duda. Conocen su organización política por los dos lados de su costura. La tempranera crítica de que representan a una “ patria vieja ” debe ser cotejada con la necesidad de que en esta hora, el PRD no puede darse el lujo de una sola improvisación más; ni darle espacio a las ocurrencias suicidas de quienes quieren llegar al poder a costa, incluso, del propio partido. Tienen el tiempo justo para levantarlo y ponerlo a andar sobre sus propios pies, y no sobre pies ajenos. De lo contrario, el malestar actual puede terminar en una apoplejía que deje vegetando al que ha sido el gigante político de Panamá.

Los adversarios del PRD saben esto muy bien y es de esperarse que soplen a favor de que el barco vaya a la deriva. Esa es su intención y su papel. Entre tanto, después de este golpe de timón, la intención y el papel de los que ahora asumen el mando en el PRD tendrán el reto de mantener un rumbo fijo hacia el puerto de la cohesión y la coherencia entre el discurso y las expectativas de los habitantes del país.

*Sociólogo.torolozano@hotmail.com