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09 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Las grietas del poder

Aunque tengamos un sistema marcadamente presidencialista, por la estructura y tamaño del Estado, es imposible ni hacer responsable, ni p...

Aunque tengamos un sistema marcadamente presidencialista, por la estructura y tamaño del Estado, es imposible ni hacer responsable, ni pretender que se lleve el crédito el presidente de la República de todo lo bueno, lo malo y lo feo que pasa en la gestión gubernamental.

A pesar de tener serias y profundas diferencias con el sistema parlamentario, en ambos casos, se trata de trabajo de equipo y así como se juzga separadamente a cada jugador, también se debe y puede juzgar al equipo de trabajo.

No obstante, es innegable que el presidente de la República marca el estilo, el ritmo y la dirección del trabajo gubernamental. ¿Qué podemos decir de este trabajo, después de más de cien días de haber llegado al poder?

Podemos decir que: algo fundamental persiste y distingue a la gestión del nuevo mandatario: el presidente Martinelli tiene buenas intenciones y, haga las cosas bien o haga las cosas mal, las está haciendo con los mejores deseos para el beneficio de todos los panameños. No obstante, como queda evidenciado después de los primeros meses de su mandato, tener buenas intenciones no es suficiente.

También, podemos afirmar que no parece ir en la dirección del fortalecimiento de las instituciones públicas y de la necesaria descentralización política el nombramiento de una allegada política en la Contraloría General de la República. Siempre se podrá decir que el presidente necesita a alguien de su confianza, sí es cierto, pero demasiada confianza afecta la necesaria autonomía de tan importante cargo.

No parece ser, ni siquiera lo esperado, el proyecto de modificación al Reglamento Interno de la Asamblea Nacional de Diputados. ¿Quiere decir que sigue venciendo la resistencia al cambio?

No debemos confundir el deseo de la población de tener a un presidente con autoridad y que la ejerza, con el debilitamiento de las instituciones del Estado, cuando se resquebraja la independencia de algunas de sus instituciones fundamentales o no se cumplen con las promesas de cambio hechas durante la campaña electoral.

Finalmente, y ante una oposición débil, es una lástima que ya estén aflorando intereses políticos particulares dentro del gobierno de cara al próximo ejercicio político. El momento es el de enterrar el hacha de la política electoral, para concentrarnos en la solución de los importantes problemas que aquejan al país.

Para cerrar, unas breves palabras en relación con la oposición, que comienza a despejar un nuevo camino para sí, y con pretensiones políticas a mediano plazo: no aprender la lección del rechazo al regreso al modelo de la década de los 70 que le dio el pueblo en las urnas en el 2009, sería condenarse a cinco años más de oposición. No obstante, por allí dicen que no hay peor sordo que el que no quiere escuchar, y que es inútil darle consejos a quien no los ha pedido.

*Abogado.malcoj2@hotmail.com