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24 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Percepción y realidad

En todo el planeta, las aspiraciones de cada sociedad al desarrollo, el progreso y el bienestar se ven amenazadas por fenómenos como el ...

En todo el planeta, las aspiraciones de cada sociedad al desarrollo, el progreso y el bienestar se ven amenazadas por fenómenos como el narcotráfico, el terrorismo, el pandillerismo, la violencia social y la degradación acumulada por las inequidades.

Y no es un secreto para nadie que las propias instituciones públicas que permiten a la sociedad enfrentar esas amenazas se encuentran asediadas por el riesgo de que la corrupción penetre, limite y desvirtúe la eficacia de su labor.

Los medios de comunicación tienen un importante papel en la lucha por la creación de una sociedad más segura. Ejercen ese papel porque cuentan con el más valioso de los recursos: la libertad de expresión, que les permite crear climas de entendimiento necesarios para abrir a debate y promover las políticas de Estado que garanticen la participación de los ciudadanos en la lucha diaria por una democracia sana en una sociedad segura.

En toda sociedad democrática, por otra parte, la tarea de contribuir a la creación de un clima de seguridad desde los medios de comunicación entraña una relación siempre compleja, y a veces conflictiva, entre ellos y las autoridades del Estado. Casos recientes así lo confirman.

Al definir lo que el país requiere en materia de seguridad ciudadana, la prensa en general ha desempeñado un valioso papel como espacio para la discusión nacional y para la orientación, con equívocos y aciertos, de algunos cursos de acción. Al mismo tiempo, también, los medios de comunicación han promovido en ocasiones situaciones entre la percepción y realidad, que enturbian con agrias discordias o distanciamientos inconvenientes en el vínculo entre ellos y los organismos de seguridad.

Lo fundamental, en todo caso, es que la fuerza institucional y la libertad de expresión representada en la prensa, converjan en un mismo interés por preservar la seguridad y las virtudes de la democracia y llevarla más allá de sus normales imperfecciones.

Al respecto, las instituciones de seguridad y los medios de comunicación se requieren, más allá de sus divergencias, para llevar a la práctica los valores democráticos que comparten, basado en realidades y no solo en la percepción de esas realidades.

El poder y la responsabilidad siempre van de la mano en una sociedad democrática. La prensa debe ejercer el enorme poder del que disfruta, con tanta o mayor responsabilidad que la que cabe exigir a los que dirigen la seguridad pública.

Y ese ejercicio responsable del poder de la prensa es del mayor interés para la fuerza pública, precisamente porque contribuye a preservar la legitimidad en el uso de los instrumentos con que cuenta la autoridad para enfrentar los retos y amenazas del crimen organizado y la delincuencia común.

En democracia, una relación sana y de beneficio para toda la sociedad entre la prensa y el Estado demanda mantener una actitud de permanente autocrítica, guiada por los intereses superiores del bien común, que facilite la tarea de promover la participación ciudadana sin el perjuicio de estereotipos mutuamente excluyentes.

En estas circunstancias, y quizás como nunca antes, un Estado democrático debe garantizar la libre expresión, que constituye sin duda su mayor activo de defensa.

A los medios de información les compete una enorme responsabilidad social en el logro de la seguridad pública. Y la verdad es, sin duda, la herramienta más poderosa para el ejercicio de esa responsabilidad.

*Abogado.ddelgado47@hotmail.com