Temas Especiales

13 de Aug de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Reconciliación nacional

Este domingo se cumplen veinte años de la trágica invasión de los Estados Unidos a Panamá, que precipitó la caída del régimen militar en...

Este domingo se cumplen veinte años de la trágica invasión de los Estados Unidos a Panamá, que precipitó la caída del régimen militar encabezado por Manuel Antonio Noriega y abrió una profunda herida en la conciencia nacional. Durante los últimos días La Estrella de Panamá ha venido publicando una interesante y controversial investigación titulada “ La Caída ” y MEDCOM en sus pantallas 4 y 13 presenta debates y testimonios sobre la invasión, que han creado una situación propicia para que todos los panameños meditemos sobre este delicado tema.

Cuando se habla de reconciliación nacional algunos sectores en la sociedad panameña piensan que se trata de una trampa, otros que es una quimera y algunos sostenemos que es una posibilidad que no nos debemos negar. La historia de nuestros pueblos de América Latina nos señalan, y Panamá tiene experiencia en ello, que es posible iniciar la construcción de un paradigma de desarrollo humano sustentable, en sociedades traumatizadas por profundas heridas y divisiones heredadas de las guerras, las intervenciones militares y los regímenes de violencia.

Las sociedades que han transitado por conflictos violentos, se enfrentan al dilema inmediato de que la paz requiere de una negociación. Nuestro país todavía no ha saldado el debate histórico de los crímenes cometidos en el régimen militar, ni las consecuencias fatales que tuvo la invasión en términos de muertos y heridos, así como el trauma político y social que dejó en nuestros ciudadanos.

Es importante señalar que las reconciliaciones no se decretan ni se dan a través de leyes especiales. Es la sociedad quien debe facilitarlas de diversas maneras. Todo intento de imponer la reconciliación cuando no han existido procesos concomitantes de verdad, memoria y justicia terminan en el fracaso.

Los familiares de los caídos durante el régimen militar tienen derecho a justicia y a saber con exactitud dónde están los restos de sus seres queridos. Además, tienen derecho a que quienes perpetraron estos asesinatos sean llevados a la justicia y pidan perdón ante la sociedad. Pero, también es cierto que los familiares de los muertos por la invasión norteamericana del 20 de Diciembre de 1989, los heridos, los afectados por el ensañamiento de los bombardeos contra los barrios más humildes que provocaron su colapso y los afectados por el saqueo que produjo la ruptura de la estructura de mando del país, también tienen derecho a que se les haga justicia y a las compensaciones correspondientes.

La reconciliación nunca puede fundarse sobre la base de la impunidad y el olvido, así lo señala La Revista Trimestral Latinoamericana y Caribeña de Desarrollo Sostenible, en un interesante artículo aparecido en su última edición del 16 de diciembre de 2009. Sin justicia la reconciliación puede conducir al reinicio del conflicto que se creía superado.

La reconciliación de nuestro país es tan necesaria como lo son el conocer la verdad, mantener la memoria sobre lo ocurrido para aprender las lecciones que de ello se derivan y el ejercicio de múltiples fórmulas de justicia a favor de las víctimas.

Conocer la verdad puede resultar perjudicial si luego se abandonan los procesos de justicia y reconciliación. En esos casos, limitarse a revelar la verdad puede servir para atizar el rencor y el deseo de venganza de aquellos que esperaron justicia inútilmente.

Sin justicia, perdón, compensación, no es posible resolver el trauma histórico que dejó la invasión, ni las secuelas del régimen militar. No se trata de emprender un debate masoquista, se trata de entender lo que pasó, registrarlo en nuestra historia, devolver la fe en la justicia a los familiares de las víctimas de estos procesos traumáticos y de establecer con claridad cuáles son los errores que no debemos cometer para llegar a situaciones como las que hemos vivido.

La reconciliación puede parecer una trampa, una quimera o una posibilidad real, según el modo en que se aborde. La reconciliación, sin embargo, es viable cuando se le aborda con realismo, acompañada de procesos complementarios de verdad y justicia, pero sobre todo si podemos discutir el tema con altura y manteniendo los principios éticos y morales que esta realidad exige.

Es importante señalar que la reconciliación no exige la amistad con los antiguos verdugos, nacionales o internacionales, lo que demanda un proceso de reconciliación es la comprensión del contexto en donde todos actuamos, de uno y otro lado, y de los métodos inaceptables que ambos pudimos haber empleado para alcanzar nuestros objetivos, por legítimos que fueran algunos de ellos.

Para emprender este proceso los panameños debemos sentarnos a discutir ampliamente sobre las causas de la invasión, las causas del golpe militar del 11 de octubre de 1968, el rumbo que lleva nuestra democracia, el marco que queremos darle a nuestra justicia y sobre todo tener claro el proyecto de nación que queremos construir.

*Ingeniero y analista político.blandonc@cwpanama.net