1° de Mayo: 140 años de la gesta obrera en Chicago

  • 01/05/2026 00:00

El 1° de mayo se cumplen 140 años de la gesta obrera que tuvo lugar en Chicago, cuando miles de trabajadores se movilizaron por la conquista de la jornada laboral de ocho horas. Compartimos con nuestros lectores parte de las acciones y vivencias de aquella histórica jornada, basado en el libro La Historia Real del Día del Trabajo.

Es importante recordar que, antes del 1° de mayo, la dirigencia obrera organizó asambleas en distintas fábricas para convencer a las y los trabajadores de la importancia de la huelga y la movilización.

“El 1° de mayo de 1886 fue un hermoso día en Chicago. El fuerte viento proveniente del lago, habitualmente inclemente en primavera, había amainado. El sol brillaba radiante. Era un día calmo en más de un sentido: fábricas paralizadas, almacenes cerrados, calles desiertas, construcciones detenidas, corrales silenciosos y ninguna columna de humo saliendo de las chimeneas.

Era sábado, un día normalmente de trabajo. Sin embargo, multitudes de obreros, vestidos de domingo y acompañados de sus familias, se reunían para el gran desfile en la avenida Michigan. El ambiente era festivo. Hombres robustos y rudos, ataviados con ropas sencillas, repetían satisfechos: “Todos salieron de mi casa, hasta el gato”.

Había caballeros del Trabajo, bohemios, alemanes, polacos, rusos, italianos, irlandeses, afroamericanos y antiguos vaqueros que ahora trabajaban en los corrales de los mataderos. Católicos, judíos, protestantes, anarquistas, socialistas, republicanos, comunistas y demócratas: gente común que formaba una sola e irresistible columna de voluntades para reclamar la implantación de la jornada de ocho horas en todas partes.

El dirigente Albert Parsons marchaba cerca de la cabeza del desfile, acompañado de su esposa Lucy y su hija de siete años. La columna se dirigió hacia el lago Front, donde se escucharon discursos en inglés, bohemio, alemán y polaco. Parsons habló sobre el poder invencible de la unidad obrera. August Spies, joven de 31 años y editor del periódico obrero alemán Arbeiter-Zeitung, cerró el acto con un discurso vibrante que arrancó un cerrado aplauso de la multitud. Así culminó aquel 1° de mayo de 1886.

La movilización no pasó desapercibida. En 1888, la Federación Norteamericana del Trabajo instó a continuar la lucha por la jornada de ocho horas, fijando el 1° de mayo de 1890 como fecha para una acción decisiva. Al año siguiente, en París, dirigentes obreros de distintos países votaron unánimemente en apoyo a esa causa y designaron también el 1° de mayo de 1890 para una acción internacional. En la fecha señalada, trabajadores de toda Europa demostraron su solidaridad con sus hermanos estadounidenses mediante desfiles, reuniones y manifestaciones masivas.

La represión fue implacable. Spies, Parsons, Engel y Fischer fueron condenados a muerte. Sus últimas palabras quedaron grabadas en la memoria colectiva. Spies declaró: “Llegará la hora en que nuestro silencio será más elocuente que las voces que ustedes estrangulan hoy”. Fischer afirmó: “Este es el momento más feliz de mi vida”. Engel y Parsons gritaron: “¡Viva la anarquía!”.

El 1° de mayo, convertido en fecha internacional de lucha, nos recuerda que los derechos laborales no fueron dádivas, sino conquistas arrancadas con organización, sacrificio y unidad. La jornada de ocho horas, que hoy parece un derecho natural, fue fruto de la valentía de quienes se atrevieron a desafiar la injusticia hasta con sus vidas. Recordarlos es también asumir el compromiso de defender y ampliar esos derechos frente a los desafíos del presente.

Lo Nuevo