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21 de Jan de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Fue un nueve de enero

En enero de 1963 los gobiernos de Estados Unidos y Panamá convinieron en izar nuestra bandera en todas las instalaciones civiles de la Z...

En enero de 1963 los gobiernos de Estados Unidos y Panamá convinieron en izar nuestra bandera en todas las instalaciones civiles de la Zona del Canal, como un primer paso al inicio de conversaciones solicitadas por nuestro país para acceder a ese importante mercado local. Ya desde mayo de 1958 el movimiento social, encabezado muchas veces por la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), había desarrollado movilizaciones, cuyo objetivo era precisamente reafirmar le necesidad de una revisión a fondo del estatus colonial sobre esa parte de nuestro territorio. Esas movilizaciones siempre habían terminado con enfrentamientos con la entonces Policía Nacional, que bloqueaban los accesos a las cercas que separaban ambos territorios.

Paralelamente a ello, el movimiento social había emprendido un impresionante avance en su militancia, organización y capacidad de presión hacia los gobernantes de turno. Ello se debió a la influencia de las grandes movilizaciones de los movimientos de liberación en todo el continente, la victoria de la Revolución Cubana y los procesos de descolonización que se producían en el mundo entero. Por otro lado, el modelo económico y político de nuestro país comenzaba a dar muestras de su agotamiento, empujando a las masas populares a nuevas y radicales demandas. Debemos reconocer el papel que jugó en todo ello la inserción de la militancia del Partido del Pueblo en el pensamiento de las juventudes y sectores de las capas medias.

Desde aquel enero de 1963, las organizaciones que actuaban dentro de la comunidad colonial “ Zonian ” y de su policía mostraron su total rechazo a los compromisos contraídos por ambos gobiernos. Era previsible que tarde o temprano ambas fuerzas terminaran enfrentadas. Las presiones de la comunidad “ Zonian ” sobre el gobierno colonial de la Zona del Canal no se hicieron esperar, en procura de bloquear la izada de la bandera nacional dentro de sus instalaciones. Las reiteradas advertencias del Gobierno estadounidense no fueron acatadas y, tal como ocurrió en los países que habían decidido emprender el camino de la descolonización, los grupos coloniales se declararon en rebeldía frente a sus gobiernos centrales.

Se había creado un escenario crítico de tensiones por ambas partes. De allí aquel nueve de enero de 1964. Esa mañana los estudiantes del Instituto Nacional decidieron marchar hacia las instalaciones de la escuela secundaria de Balboa y plantar allí nuestra enseña patria. A través de los varios cientos de metros que los separaban, fueron hostigados por la policía colonial y varios miles de estudiantes y padres de familia “ zonians ”, que se habían congregado precisamente para mostrar su desobediencia a lo pactado por ambos gobiernos.

Luego de las primeras escaramuzas, y ante la sorpresiva ausencia de las unidades de la Policía Nacional, se comenzó a radiar, a través de la voz del locutor Homero Velásquez de Radio Tribuna , el dramático suceso y a convocar a todo el pueblo a la lucha para defender a la juventud institutora ultrajada, la bandera nacional rasgada y pisoteada y la dignidad de la nación mancillada. Lo demás es historia. Historia de heroísmo, de martirio y sacrifico de todo un pueblo que armado con piedras y palos enfrentó a las hordas armadas de la policía colonial y la población “ zonian ”.

Horas después el Gobierno de Roberto “ Nino ” Chiari rompió relaciones diplomáticas con los Estados Unidos y convocó a la solidaridad mundial, para rechazar y condenar la agresión que se extendió hasta el 12 de enero, con un saldo de 23 patriotas asesinados y más de 500 heridos.

Ese hecho, el más dramático y trascendental de nuestra historia Republicana, produjo un movimiento de unidad nacional, encabezado por la burguesía panameña que abrió la condiciones para el inicio de un largo proceso negociador dirigido a la liquidación del enclave colonial.

Cuarenta y seis años después podemos contemplar con orgullo los frutos de esa lucha y sentirnos orgullosos de haber logrado la victoria de un pequeño y joven pueblo por erradicar de sus territorios un enclave de oprobio y humillación.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net