22 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

La ruta hacia el caos

Qué lejos estamos de iniciar un proceso genuino de corrección del rumbo social para comenzar a construir una sociedad con conductas soci...

Qué lejos estamos de iniciar un proceso genuino de corrección del rumbo social para comenzar a construir una sociedad con conductas sociales culturalmente superiores. Los hechos alrededor de la auditoría realizada al FIS se suman a una larga lista de acontecimientos que involucran principalmente a la clase política, colectivo que debieran tener como misión el mejoramiento de la vida en sociedad.

La “ Guía de lenguaje sencillo anticorrupción ” ( The Anti-Corruption Plain Language Guide ) de la organización Transparencia Internacional (TI), señala que: “ La corrupción y sus efectos constituyen un dilema global. Desde pequeños sobornos pagados a oficiales de policía en Bangladesh hasta la tenencia de activos robados por los bancos, los impactos de estos abusos en los Estados y sus ciudadanos son los mismos: la socavación del Estado de derecho, la violación de derechos, instituciones sombrías, la pérdida de recursos públicos y la debilitación de la integridad nacional ”.

En el mismo manual se definen temas tan comunes como: auditorías, acceso a la información, clientelismo, nepotismo, conflicto de interés, fraude, código de conducta, ética, extorsión, gobernabilidad, integridad, lavado de dinero, responsabilidad o “ accountability ”. Esta última, “ accountability ” como escribí hace unos meses, es una palabra en inglés que no tiene igual en nuestro idioma. Su explicación se ha representado de varias maneras: responsabilidad, responsabilización, obligación de rendir cuentas, rendición de cuentas, contabilización, discernimiento, responsabilidad en la gestión, responsabilidad en la administración.

No hay “ accountability ” y nuestra sociedad no funciona desde hace mucho tiempo bajo los parámetros que envuelve esta palabra y nadie cree que los culpables, si se comprueba la culpabilidad de alguien, pagarán por sus faltas. En términos generales, no existe un sentido de responsabilidad y de apego a los valores fundamentales de convivencia y decencia. Esto lleva a la corrupción que TI define como: “ el abuso del poder confiado o concedido para beneficio privado ”. Y más claro aún, las aristas conocidas hasta el momento del caso FIS caen bajo la definición de “ Grand Corruption “, “ Corrupción de alto nivel: Actos de corrupción cometidos por funcionarios en altas esferas gubernamentales, que conllevan a la tergiversación de las políticas y el desequilibrio en el funcionamiento del Estado, permitiendo a los líderes beneficiarse a expensas del bienestar del pueblo ”.

La conducta de los supuestos involucrados en el caso FIS parece estar apegada a un régimen corrupto generalizado. Es la misma conducta del “ juegavivo ”. El que sin reparo compra en la calle un disco compacto pirateado o el que trafica con su influencia para el otorgamiento de contratos del Estado a allegados. La diferencia está en la extensión y profundidad del daño ocasionado a las raíces sociales y la grave afectación a la confianza ciudadana de un país que hace lo posible por salir de sus problemas y desventajas sociales.

La guía de Trasparencia Internacional hasta el mes de julio pasado, presenta 45 definiciones que ayudan a proporcionar claridad global en la identificación de conductas relacionadas, primordialmente con los temas de abuso del poder que conducen a la corrupción y los esfuerzos por combatirlos, ya sea que provenga de funcionarios públicos o del sector privado. Aquí en Panamá a pocos nos sorprende la evolución de los acontecimientos recientes y me preocupa que nos acostumbremos a la situación actual. La educación sobre el tema es esencial antes de que la ruta del caos se haga definitiva.

Los medios siguen difundiendo su programación de violencia y lujuria; los transportistas mantienen su conducta de desorden y amenaza; el sistema judicial no es respetado por la ciudadanía; el Órgano Legislativo no asume la responsabilidad de su reputación; los malhechores se burlan del gobierno y las autoridades, violan las leyes, matan a inocentes, trafican con el terror y el desprecio a los demás. Estamos experimentando claras expresiones de un caos social que amenaza con destruir los cientos de años de desarrollo social que ha constituido la identidad de la Nación.

No soy el primero ni el único en puntualizar que hay que cambiar el rumbo. Exigir “ accountability ”, disminuir o acabar con la corrupción en todas sus formas. Es necesario revertir la falta de impunidad con que muchos sectores operan y asumir el reto de aclarar ante la Nación este triste capítulo que aún está saliendo a la luz pública y encaminar al país por la senda de la humildad y la decencia que hace mucha falta.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com