30 de Nov de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Contra nuevos impuestos

Nuestros gobernantes se caracterizan por su creatividad para inventar nuevos impuestos y terminar con lo poco que queda de la clase medi...

Nuestros gobernantes se caracterizan por su creatividad para inventar nuevos impuestos y terminar con lo poco que queda de la clase media, proceso que empezó desde los tiempos dictatoriales y que no se detiene aún. Empero, tengo algunas sugerencias que, si nuestro creativo presidente las siguiera, ayudarían en gran forma a todos a tener una mejor vida y al Estado A captar más dinero.

Por ejemplo, si se aplicara la existente ley que prohibe “ hacer aguas en las vías públicas ” a aquellos (no he visto aquellas) que se orinan a todas horas y en los sitios más ostensiblemente públicos, estoy segura de que una cuantiosa suma se recogería a diario. El varón panameño por lo general padece o de una próstata prematuramente inflamada, o riñones muy activos, o uréteres cánidos o vejigas haraganas. Esto lo obligaría a buscar atención médica en lugar de exhibir sus pequeñeces.

Los que a veces viajamos al interior, notamos que la vía Panamá-Arraiján es el urinal más grande del mundo, seguido muy, muy de cerca por las vías de acceso del Puente Centenario (la dupleta). Además, cualquier construcción que tenga un rinconcito o cualquier arbolito, no importa cuán escuálido, sirve para “ hacer aguas ”, siempre de pie, nunca de rodillas.

Si también se multara a panameños aquejados de ácaros, garrapatas, pulgas, phthiriasis en sus partes semiprivadas (digo “ semi ”, porque no existe el menor reparo en hacerlo) que los obliga a rascarse continua, impúdica y violentamente, bastante dinero se recogería y a la vez se les enseñaría a los afectados a bañarse mejor o, por lo menos, a usar un buen insecticida. Amén de evitar dar mal ejemplo a los pequeñines.

Si se multara a los escupidores, gargajosos y similares, se recogería aún más dinero. Esta desagradable y viscosa costumbre parecería algo difícil de erradicar, tan convencidos están los practicantes —o enfermos— de lo necesaria que es, sin importarles la repartición de gérmenes, bacterias y virus que dejan a su paso. Pero con buenas multas que ataquen al bolsillo de estos deportistas —ya hasta parece ser deporte nacional— por poseer el panameño glándulas saliváceas superdotadas, e inagotables, dignas del Guinness. Aquí sí podría decirse que nos llegó la liberación femenina, pues ambos sexos se disputan por la supremacía de ese dudoso honor.

Por último, si se multara a los que arrojan desperdicios (papeles, botellas y utensilios de plástico, latas, aros de cerveza, pañales desechables que Madre Natura se demora milenios en absorber), no habría necesidad de crear nuevos impuestos y de paso educamos al ciudadano cochino, al porcus bipedus panameño, para que aprenda buenos hábitos, sino a las buenas, pues, a las malas y que pague.

*Jubilada. malfaro2000@yahoo.com