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09 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Qué Jesús seguimos..?

“Pobres de ustedes fariseos que gustan ocupar el primer puesto en la sinagoga y recibir saludos en las plazas. Ustedes son a los que se ...

“Pobres de ustedes fariseos que gustan ocupar el primer puesto en la sinagoga y recibir saludos en las plazas. Ustedes son a los que se pedirán cuentas de la sangre de todos los profetas que haya sido derramada desde el principio de la creación”.

Al leer esa sentencia de maldición de Jesús, no podemos dejar de observar que en 21 siglos Jerusalén y sus áreas circundantes no alcanzan, la paz y la pólvora sigue allí.

La iglesia de mi generación puso énfasis y nos grabó a un Jesús milagroso y súper bondadoso, el cual como clímax de su historia terrena, proyectando sus enseñanzas maestras, termina derrotado y frustrado sobre una cruz. Vencido, vejado y despreciado por soldados obscenos, representantes de una oligarquía clerical corrupta y explotadora, que cohabita hipócritamente con los vulgares colonizadores romanos. Tal es él Jesús, de acuerdo a esa imagen, propio de beatas aburridas, menopáusicas, reñidas con el intelecto y el pensamiento filosófico progresista. De esa lectura histórica heredada, extraen los ideólogos bolcheviques aquella frase, bien vendida: “la religión es el opio de los pueblos”. Naturalmente que su alimento conceptual es aquella iglesia medioeval retrógrada con sus cúpulas pelechadoras de las cortes reinantes, reñidos todos con sus pueblos y sus hambres morales y físicas. Aquellos mil años de oscurantismo, del que nos vinieron los saqueos conquistadores salvajes de que nos habla Galeano en sus Venas Abiertas. Se prohíbe a los filósofos como si la mente y el pensamiento se pueden aplastar eternamente. Tiempos en que del Vaticano surgen grandes hombres y también algún Papa tan concuspicente que no se cuida de esconder sus múltiples hijos de las propias gradas de la Capilla Sixtina. Esos asuntos tienden a desdibujar, sin ninguna razón, al Cristo Original, del intermediario erróneo o malévolo, y de ello se produce con la Revolución Francesa y el apagón de un largo milenio, el advenimiento de una nueva y sola Diosa: La Razón. Aquella entelequia incrédula que desconoce la magia de la creación, el poder del Creador y la fuerza arrolladora del Cristo, que se muestra no solo resucitando muertos y curando ciegos, sino mas bien en la revolución de la conciencia que nos muestra un Jesús, pausado y sereno, humilde y fraternal, pero que también muestra su látigo ante la hipocresía de la clase religiosa que intenta vender a Dios con el propio templo de piedra.

Preferimos en general ver a un Jesús crístico ensangretado y fracasado en el ataúd del Viernes Santo, dándonos lástima por sus cruces y llagas. Pero nos negamos a admirar en su esplendor sencillo al Jesús que emerge de la tumba de Nicodemo, con células frescas y renovadas, que asombra a María de Mágdala, ella misma resucitada moralmente, con entera autoestima, desde las miasmas de la prostitución. En medio de un planeta, rodeado de ojivas nucleares sin detenerse, agonizando frente a su destrucción, una clase de líderes mundiales, que a pesar de alguna esperanza como la de Obama, no logra penetrar en las lacras de los intereses egoístas; del culto fanático al Dios Dinero. Jesús no es fracaso ni tontería, ni olor a sotana. El propio autor místico e iluminado, Edouard Schure, plasma en su pluma incomparable, en su obra “Los Grandes Iniciados”, en un recorrido de los mas altos personajes espirituales, Krisna, Hermes, Moisés, Buda, Pitágoras y otros, y se rinde ante el Jesús que muestra, como luego lo imita contemporaneamente Ghandi, a un Revolucionario sin precedentes, a una obra social invencible de fuerza solidaria, de paz poderosa, que doblega sin armas, a los mas arrogantes conquistadores. Su arma fue el impacto que dura y dura, en sus parábolas sencillas pero estremecedoras. Ese Jesús no puede ser contaminado ni siquiera por los recientes escándalos de parroquias inmorales. ¿Acaso un general generoso y victorioso debe ser culpado por los actos infames de cobardes o traidores, sean coroneles, capitanes o cabos, de entre su ejército?

“¡Pobres de ustedes maestros de la Ley, que se adueñaron de la llave del conocimiento! Ustedes no entran y no dejaron a otros que entraran”.

*Abogado y coronel retirado robertodiazherrera@yahoo.com