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07 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Vecindad

Uno de los fenómenos que lleva implícita la vida moderna es la pérdida del sentido de vecindad, de relación armónica entre los vecinos. ...

Uno de los fenómenos que lleva implícita la vida moderna es la pérdida del sentido de vecindad, de relación armónica entre los vecinos. Ha desaparecido ese saludarse cada día, preguntar por los hijos y organizar actividades en común los fines de semana.

De igual manera, la relación física se ha distanciado por los altos muros, paredes, verjas, cercas y el encerramiento de cada quien para proteger la seguridad y el patrimonio familiar.

La palabra vecindad encierra una mezcla de conceptos que aluden a cercanía; es decir una acepción relacionada con un lugar; pero también, a grupo de personas que conviven muy próximas entre sí. O sea, que son vecinos.

Pero con una característica que la brinda el sufijo “dad”, que al igual que el “ hood ” en el inglés de “ neighborhood ” o el “ age ” del francés “ voisinage ”, se refiere también a una especie de hermandad o de salvaguarda. La vecindad supone también en esencia una comunidad de personas que viven cercanas entre sí, cualidad que aprovechan para darse protección.

Estas ideas no son nuevas. El origen de los poblados surgió precisamente por una relación de vecindad, primero con familiares, luego con allegados que formaron los clanes, tribus, pueblos que tenían algo —por lo general una cultura— en común y por eso se denominaron comunidad.

Esta relación vecinal tiene además de un uso en el contexto de un poblado, una implicación importante en la vida de los países. El presidente Roosevelt buscó la solidaridad hemisférica ante las amenazas exteriores y creó el concepto de “buena vecindad” o del “ good neighbor ”; “Estados Unidos debe ser un buen vecino con el resto de los países del continente”, afirmó este mandatario.

En Europa existe también una Política Europea de Vecindad noción que supone evitar la aparición de nuevas líneas divisorias entre la Unión Europea y sus vecinos y de “consolidar la estabilidad y la seguridad y el bienestar para todos”. Esta estrategia concierne a las relaciones con aquellos países con los que se tenga frontera terrestre o marítima y que coincidan en valores como democracia, derechos humanos, buen gobierno, economía de mercado y desarrollo sostenible.

Cuando una persona o familia decide mudarse a un lugar, uno de los primeros pasos que debería realizar es estrechar los lazos con sus vecinos y crear una pequeña comunidad con ellos a fin de resolver los principales problemas que confronten y así beneficiar al grupo.

De esa manera, los servicios comunes, la seguridad, los desechos, el ornato, el entretenimiento se organizan para afrontarlos de manera colegiada por los miembros de la vecindad. Pero también hay un conjunto de prácticas que deben atenderse de manera muy especial para no afectar la vida cotidiana de cada uno de los vecinos.

En un barrio donde un vecino suele sacar su aparato de música y ponerlo a todo volumen porque a él “le gusta escuchar música así”, es evidente que se generará una controversia con los demás. De igual manera, aquellas familias que tienden a resolver sus diferencias ruidosa y agriamente, ponen en crisis la tranquilidad del vecindario.

Aquí se pone de manifiesto esa frase histórica de Benito Juárez de que el derecho de cada quien termina donde comienza el de los demás. Si se siguiera a pie juntillas, disminuirían los conflictos en la vida cotidiana.

La vida del vecindario tiene factores que la perjudican tanto interna como externamente. Hacia el interior, está la propia actitud de los vecinos. En el exterior, hay un conjunto de circunstancias que pueden afectar la tranquilidad tanto grupal como individual de la vecindad.

Los cambios en los alrededores, las construcciones, la seguridad, las relaciones con las autoridades, el acceso a los servicios, son algunos. Por ejemplo, en la construcción de edificios u otras obras, a menudo afecta al grupo vecinal y pese a las disposiciones, poco es lo que se hace para disminuir o atenuar los impactos. Ruido, polvo, accidentes, pérdida del flujo del agua, lodazales, lenguaje soez de los trabajadores, son algunos.

Cuando se vive en comunidad, se debe tener una conciencia empática —ponerse en los zapatos del vecino— para regular la relación entre quienes conviven en un lugar o cercanos entre sí. A veces, hasta se obliga uno a disminuir sus acciones y se adquieren cuidados colegiados. En Diablo, corregimiento de Ancón, un incendio se produjo en la residencia de una familia, se cruzó a la casa vecina y afectó el patrimonio.

En otra parte de la ciudad, una pareja acostumbra salir al estacionamiento del edificio donde vive a dilucidar en alta voz, sus diferencias, ante la curiosidad del resto de los vecinos que utilizan sus balcones como palco para apreciar a la pareja en paños menores, a veces, que da rienda suelta a sus requiebros sentimentales u hogareños.

En muchos casos, el cambio de status sociocultural hace que la gente lleve su situación anterior al nuevo sector y demore en hacer el ajuste mental. Por ejemplo, salir de un barrio como El Marañón para ir a vivir al conjunto residencial Los Libertadores, produce un cambio pues se requiere tener conciencia de algunas prácticas novedosas como el uso de la “chuta” o el pago de gastos de administración que antes no existían.

Hace poco, una residente de un condominio salió en la mañana de su apartamento y se encontró al vecino totalmente desnudo bajo los efectos del alcohol e inconsciente en el pasillo entre su puerta y el ascensor.

El sentido de la convivencia ha sido perdido por mucha gente y es un espacio incómodo donde los corregidores, alcaldes y otras autoridades locales, no suelen tener mucho interés en analizar, estudiar y menos tratar.

Es necesario crear condiciones para dar nuevos impulsos a la noción de vecindad, a las juntas de vecinos y crear mediante la educación comunitaria rural y urbana, una nueva cultura vecinal que ayude a las familias a resolver problemas desde muy pequeños hasta los más complejos para hacer llevadera, productiva y fructífera esa célula o núcleo de la sociedad.

*Periodista y docente universitario.modestun@yahoo.es