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27 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El silencio de Martín Torrijos

P or la jerarquía de la posición que ocupó, la voz de todo ex presidente debe tener un peso específico en la opinión pública nacional; s...

P or la jerarquía de la posición que ocupó, la voz de todo ex presidente debe tener un peso específico en la opinión pública nacional; sin embargo durante el primer año del presente gobierno, el ex presidente Martín Torrijos se ha mantenido aparentemente alejado de los problemas nacionales. En cambio, nos hemos enterado que prefiere concurrir a actividades lejos de Panamá: en Argentina, Guatemala, República Dominicana y otros destinos. Da la impresión de haber olvidado las vicisitudes de su patria y de su gente, cuando en otra ocasión pareció amarlos entrañablemente al recorrer la espinosa senda que lo llevaría a la posición cimera para otorgarle la posibilidad de resolver las dificultades de la población más necesitada, sobre todo de los menesterosos. En su exitosa campaña presidencial se presentó como el líder político que, habiendo supuestamente heredado una vocación especial, embelesó a la juventud con el ‘Sí se puede’.

Pero ese ausente paladín, que otrora pareció preocuparse por el bienestar de su pueblo, inexplicablemente hoy parece indiferente. Su silencio llama a la reflexión, porque aparentó poseer dotes de líder político, con capacidad para alcanzar la candidatura de su partido a la máxima magistratura en dos oportunidades. Con mensajes de esperanza, recorrió el país de arriba a abajo en busca del apoyo popular, para obtener en 1999 el 38% de los votos y luego mejorar su caudal electoral en el 2004 con el 48% del sufragio popular. En ambas ocasiones también consiguió concitar el respaldo de otros grupos políticos que confiaron en su liderazgo, con quienes logró formar sendas alianzas electorales.

A esa aparente habilidad política demostrada en 1999 y en el 2004 también habría que sumar su privilegiada experiencia de cinco años como primer mandatario de la nación. Son pocos los ex presidentes que todavía se hallan entre nosotros y que comparten esa experiencia singular; solo podemos imaginar el conocimiento que se adquiere sobre los intríngulis, las presiones y las tensiones que se concentran en ese puesto, sobre todo en un régimen presidencialista como el nuestro. Imagino que allí deben confluir intenciones altruistas de quienes desean el buen gobierno y aspiran a lograr lo mejor para el país; pero seguramente también se ponen de manifiesto las debilidades egoístas de quienes, por ambiciones políticas o apetencias personales, buscan el favor especial y el oído amigable de quienes detentan el poder, sin importarles las consecuencias negativas para el país.

Esa característica de la cual disfruta un ex presidente y líder político, que verdaderamente está en sintonía con su gente, la entendió a cabalidad Guillermo Endara. Él comprendió que ese doble papel le imponía una responsabilidad patriótica de ejercer, desde la oposición política, una férrea fiscalización de las acciones del gobierno, para evitar las arbitrariedades e injusticias que un gobernante, sus asesores y sus acompañantes pueden cometer, voluntaria o involuntariamente, a sabiendas o sin saberlo. Consecuente con su filosofía política —y sobre todo sin cola de paja— fustigó sin tregua a los gobiernos PRD de 1994-1999 y del 2004-2009, y al gobierno de su propio partido de 1999-2004; pero también supo responder afirmativamente a invitaciones para brindar asesoramiento con sus ideas todas las veces que entendió que el bien nacional estaba de por medio.

Contrasta entonces el silencio casi sepulcral del ex presidente Torrijos ante algunas acciones del presente gobierno, sobre todo en lo que tiene relación con medidas que resultan ser una repetición de aquellas que fueron acremente criticadas por los actuales gobernantes cuando estaban en oposición. Los actuales gobernantes le presentan muchas oportunidades en bandeja de plata para levantar su voz acusadora y para explicar su propia gestión, pero parece preferir un enigmático silencio. Causa extrañeza que si antes nos quiso hacer creer que era un auténtico dirigente político nacional, hoy se esconda en un inexplicable mutismo —que ensordece— para proclamar la hipocresía de su ‘Sí se puede’, que parece confesar la falsedad de su aureola pasada.

*EX LEGISLADORA DE LA REPÚBLICA.