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01 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Basura y conciencia ciudadana

Una cifra sobre el material con otras posibilidades de uso en la basura, di la semana pasada, que está por debajo de los cálculos cientí...

Una cifra sobre el material con otras posibilidades de uso en la basura, di la semana pasada, que está por debajo de los cálculos científicos. Corrijo, pues en Panamá, según el Inventario Nacional de Residuos Industriales Prioritarios, se estimó que la cantidad de desechos sólidos municipales asciende a 2303 toneladas diarias, de las cuales el 76% está en capacidad de ser reciclado —entre papel y cartón, plástico, vidrio y metal—.

Ahora que estamos en las postrimerías del Campeonato Mundial de Fútbol, habría que pensar qué se va a hacer con tantas banderitas y otras chucherías del mercadeo de equipos que no llegaron a los partidos finales. Ya veremos los alcantarillados con desperdicios ‘verdeamarelas’ y ‘albicelestes’ y de otras combinaciones que la lluvia empujará en escorrentías, en los caminos, las calles y, lógico, en las playas de la bahía. A pocos se les ocurrirá utilizar estas banderitas —ya inservibles— para extraer materia prima y elaborar utensilios o artefactos que se emplearán en usos diferentes, como en México, donde según el cable noticioso, artesanas ‘elaboran accesorios para hombres y mujeres, con envoltorios desechados de chocolatinas y otros productos con cuyos ingresos sostienen una comunidad de 100 familias de escasos recursos...’.

La cultura del tratamiento de desechos, como decía hace una semana, es casi inexistente en Panamá y es considerada como un negocio ‘sucio’, que tiende a ser aborrecido por la sociedad en general. El desconocimiento mantiene pobre y sin recursos a muchas colectividades locales, que no se imaginan cómo botan opciones potenciales.

En Costa Rica el sistema público de transporte colectivo —autobuses— cuenta con bolsas para recoger los sobrantes de los pasajeros, que están situadas a la entrada de cada vehículo. A nadie se le ocurre tirar la bolsita de galletas, el vaso de jugo, la botella plástica o la lata de refresco debajo de los asientos ni en las paradas o lanzarlas a la calle desde las ventanas.

En Panamá, cuando los buses de Colón se estacionaban en la intersección de calle P con la avenida Central, cada vez que salía una unidad, quedaba la forma rectangular trazada en el suelo por los empaques que la gente arrojaba además de bolsas y vasos hacia afuera, mientras esperaba que se moviera su transporte. Ahora sale ilegalmente de allí la ruta de Chilibre y se ha heredado la costumbre de los anteriores pasajeros.

Me decía alguien que leyó el artículo sobre este tema la semana pasada, que recuerda que en Macaracas, provincia de Los Santos, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) desarrolló una campaña con capacitación a los conductores, bolsitas en los buses y divulgación en la comunidad. La campaña demoró lo que unos confites en fiesta de niños; los fondos que quedaron se fueron camino del vertedero, que no cambiaron por los propuestos modelos modernos y con nuevas tecnologías; además no aparecieron más cestos en los buses y lo peor, la gente olvidó la sana costumbre de no lanzar lo que sobra a caminos, parques, calles y por doquier.

El estudio citado presenta un diagnóstico certero que reproduzco; ‘... el problema se manifiesta claramente por la incidencia de conflictos sociales... y la multiplicidad de presiones, tales como la proximidad de estos sitios con zonas urbanas y semiurbanas de acelerada valorización, la disposición irregular de residuos y desechos de toda índole, la presencia de intrusos y actividades informales dentro del entorno de estas áreas...’.

En Cerro Patacón existe una especie de mercado informal; es decir, no organizado y convertido en ‘mafias’ que sacan cuanto pueden al mejor postor o para la supervivencia de muchos y el beneficio de unos pocos ‘avivatos’. Y es una cantidad creciente de materiales; que ascendió de 421628.7 toneladas en el 2003 a 503292.1 toneladas en el 2007. Afortunadamente, la empresa administradora de ese vertedero municipal ha creado una tecnología para utilizar el metano que emana del lugar y reciclarlo.

Este es un modelo de aprovechamiento que debería ser institucionalizado en cada uno de los municipios y al menos procesar dicho gas y contribuir a bajar los gastos energéticos del erario de los gobiernos locales.

Todavía nos queda mucho trabajo en cuanto a crear conciencia ciudadana de las modalidades que tiene el tema de reciclar, reutilizar y recoger los desechos para transformarlos y obtener beneficio; un buen incentivo para no intoxicar el ambiente con todo lo que sobra de las actividades humanas.

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.