Temas Especiales

09 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El petróleo de El Quiteño

‘ Panamá puede tener petróleo y de existir sería en algunos recodos de los ríos’.

‘ Panamá puede tener petróleo y de existir sería en algunos recodos de los ríos’.

En El Quiteño, un lugar enclaustrado entre montañas al Noreste de David, se abrió un pozo y se sacó un líquido acuoso de color negro, que se transportó hacia la capital vía puerto Pedregal. Hoy solo queda el pozo sellado, después de ese acontecimiento.

El Quiteño, un regimiento del corregimiento de Las Lomas en la ciudad de David, ubicado a diez minutos de la cabecera de la provincia en automóvil, allá por 1900, según lo cuenta Gustavo Castillo, descendiente de lugareños quien dice que ‘para entonces había más tranquilidad’. Y es que apenas había unas cuantas casas distantes unas de otras.

Castillo amplia su información añadiendo que a inicios del siglo XX llegaron unos hombres que decían ‘buscaban una mina’; como para entonces ya se usaban las carretas, ellos pagaban estas para traer de puerto Pedregal muchas cosas, entre ellas máquinas. Estos hombres decían que venían de Martinica y otros pueblos a trabajar en el lugar .

El relator señala que para 1913 se habían posesionado de las faldas del Cerro Negro, donde existía una quebrada que se conoció como El Vigía. Las carretas, cuenta, se dedicaron a transportar leña, la que servía para hacer mover una caldera, la que a su vez hacia funcionar un barreno que perforaba la tierra.

La historia advierte que el jefe general de la mina era Míster Johnson, al que atendía la caldera le decían ‘el fogonero’, Míster Pier, de quien quedaron varios hijos por estos lares. El señor Aurelio Diez era el jefe de todos los carreteros y José Diez era el segundo.

Las carretas llevaban a puerto Pedregal el producto que acomodaban en barriles. Era una masa negra que le denominaron petróleo. La llegada del primer auto a Chiriquí ocurrió en 1914, era propiedad de Míster Johnson y lo trajeron del puerto en carreta.

Este pozo fue sellado y allí quedan las huellas y es de fácil comprobación.

¿De verdad era petróleo? ¿De qué tipo de líquido negro parecido a este pudo tratarse que le interesase a los extranjeros para venir al lugar? ¿Cómo supieron de la existencia de la mina y del lugar?

Hoy El Quiteño es un pueblo próspero, ha crecido de caserío a un lugar de unas 1500 personas según lugareños, con escuela primaria, centro funerario, carretera de asfalto, subcentro de salud y con enormes perspectivas para mejorar sus condiciones sociales y habitacionales.

El día de mañana, puede convertirse en un lugar como en los tiempos de la California norteamericana, cuando se encontró oro en cantidades industriales.

La historia es grata, siempre hay quien le ponga empeño a las cosas y ayer como hoy vendrán gobiernos dispuestos a hacer las cosas bien, a investigar, a producir, a buscar fuentes alternas de energía, sin hacer daño a la madre naturaleza, a tratar de aminorar el costo de la canasta básica.

Será entonces que ese día se investigue si de verdad ese pozo de El Quiteño existe y si este tenía petróleo o eran cuentos de los ancianos o solo fue parte de una leyenda misteriosa que contaban los más viejos a sus hijos, sobrinos o nietos para hacer placentero el momento a la hora de dormir.

Le tocará al gobierno de Ricardo Martinelli realizar los estudios y buscar en sus investigaciones esas fuentes alternas de energía y, de encontrarla, beneficiar en todas las formas al lugar que les facilitó las cosas. Importante será no llegar con la arrogancia de los ricos imponiendo y haciendo sufrir a los más pobres. ¡He dicho!

*PERIODISTA.