• 11/03/2026 00:00

¿Es el cabello afro un privilegio de género en las escuelas?

El cabello afro no es un privilegio de género. Lo inexplicable es que, en algunos centros educativos sus directivos lo aceptan en las féminas que lo portan natural, rizado o en sus distintos estilos protectores. Pero, cuando lo portan los varones se desata todo un escenario de repudio con actos discriminatorios como condicionar la matrícula, el acceso del estudiante y prohibir el porte del uniforme escolar, sin medir el impacto emocional en los chicos. Mirar las cosas por dentro como lo propone el enfoque microhistórico italiano permite captar en la intransigente postura, indicios, rasgos, rastros de patrones de crianza en los que se repiten inconscientemente conductas aprendidas el siglo pasado, pero que ya son dinámicas disfuncionales en el siglo XXI. El Instituto Europeo de Inteligencia Eficiente (IEIE) señala que romper con estos ciclos requiere autoconciencia y, a menudo, terapia, ya que son formas profundamente instaladas de reaccionar ante un mundo de cambios vertiginosos.

También, es evidente que los estereotipos estéticos de negro feo, desaliñado, antihigiénico y hasta maleante, en estos directivos, aún mantiene sus raíces más nocivas vivas. ¿Endorracismo? o ¿Será que estamos frente a un escenario de feminismo o hembrismo radical? Privar a chicos de buen rendimiento académico y sin antecedente disciplinarios de su inalienable derecho a la educación tan solo por portar su cabello natural o rizado, también mancha y deshonra el prestigio de cualquier institución educativa.

Podemos entender que haya reticencia o negación, por parte de los directivos, pero valerse de sus influencias para intentar truncar las oportunidades de superación de estos jóvenes –Programa Supérate, el de becas en Estados Unidos y otros– es porque las cosas han alcanzado un nivel de odio que contradice cualquier principio clave de la administración educativa y del respeto a la dignidad humana. Cuando la influencia se convierte en escudo para encubrir abusos, el daño trasciende a las víctimas directas: corroe la confianza social (Cala, 2026).

Peor canallada resulta que ningún alma coherente, sensata, empática y garantista dentro del Meduca alce su voz para pregonar con vehemencia la violación del derecho a la educación de los jóvenes, como sí lo hicieron durante la huelga docente en rechazo a la Ley 462 de la Caja de Seguro Social. Luego nos preguntamos porque los jóvenes prefieren la calle y las pandillas –con todos sus riesgos– en lugar de la escuela. Cala (2026), nos recuerda que el poder sin conciencia y las estructuras que lo permiten son una forma peligrosa de oscuridad.

El Artículo 222 de la Ley 285 de 2022 sanciona con multas de $500 a $1000.00 a directores de centros educativos que por cualquier motivo cometan actos discriminatorios (retengan boletines, créditos académicos o impida el ingreso a clases o el acceso a asignaciones escolares a un niño, niña o adolescente). Seguramente, esta sanción requiere mayor severidad puesto que hay dolo, toda vez, que están incurriendo en este delito con conocimiento de la norma.

A los educadores y comités de disciplina, cuidado con los actos discriminatorios (impedir el acceso al aula, condicionar las asignaciones de aprendizajes y otros) por el porte de cabellos afro natural, rizado o estilos protectores. La Ley 7 de 14 de febrero de 2018 establece que, de comprobarse la comisión de actos de racismo, según dispone el Artículo 202 del Código Penal, las sanciones van de 2 a 4 años de prisión y con agravantes de 3 a 6 años de prisión.

En definitiva, portar el cabello afro natural o rizado en las escuelas no es un privilegio de féminas, para ambos géneros es un derecho inalienable, un símbolo fundamental de dignidad, identidad y orgullo étnico. La máxima autoridad en educación de este país es notablemente afrodescendiente, sin embargo, su silencio, frente a los actos discriminatorios, con dolo, en los que vienen incurriendo los directivos de los centros educativos contra estudiantes afropanameños, no es bueno, por el contrario, duele mucho.

* El autor es docente
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