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20 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

De relevos y retroceso

‘squo; Cuando los hijos no superan a sus padres, ambos han fracasado’, reza una famosa frase de un ilustre pensador. En política podríam...

‘squo; Cuando los hijos no superan a sus padres, ambos han fracasado’, reza una famosa frase de un ilustre pensador. En política podríamos decir lo mismo, aplicado a los relevos que eventualmente reemplazan a los líderes del momento. Al pasar el líder a retiro, quien lo releva debe superarlo. Lo cierto es que en nuestra América hoy debemos seriamente evaluar qué es lo que estamos haciendo mal, pero los nuevos dirigentes definitivamente no alcanzan la grandeza de sus antecesores.

No digo con esto que los Piñeira, Santos, Lugo, Correa y tantos otros hoy en el poder no sean auténticos líderes en sus países, pero siento que, por ejemplo, Piñeira dista mucho del discurso y proyección de un Allende, un Frei o la misma Bachelet. Correa en Ecuador no parece llegar al tamaño histórico de un Velasco Ibarra, mientras Santos no muestra el verbo de un Michelsen, Pastrana o Uribe. Los ejemplos los podemos seguir listando por todo el continente. Hoy no vemos ni los estadistas, ni los oradores de ayer.

Para comenzar, el discurso en una plaza ha sido reemplazado por una presentación pregrabada y con teleprompter en televisión. La camisa sudada, el saco al hombro, la corbata semi abierta en el cuello, hoy se reemplaza por un nitidez retocada por la computadora, estilistas que le acomodan el cabello, secretarias que borran discretamente el sudor entre tomas. El líder de hoy es cautivo mediático. Su discurso tiene que ser en frases cortas que se recojan en el bite de sonido del noticiero televisado.

La tecnología, en el fondo, nos ha sacrificado a los estadistas. Una admirable presentación en el Senado queda reducida a segundos en el noticiero. Entonces, evidentemente el político moderno no se proyecta por su verbo ni sus argumentaciones, se vende como un producto más en la televisión comercial. Debe ser atractivo a las mujeres, aceptado por los jóvenes, respetados por los mayores. En un mundo cada día más capitalista y materialista, tiene que tener los recursos para hacer posible su proyección mediática.

Panamá no ha escapado a esta triste nueva realidad. Hoy no se elige a los mejores, a los más pensantes, a los más preparados. Los más votados salieron de ‘reality shows’ y concursos televisivos, derrotados quedaron mejores figuras relegadas por la popularidad por encima de la capacidad. Nuestra juventud, cada día más apática a los problemas nacionales y a la actualidad, lo que pruebo con las escasas manifestaciones estudiantiles donde generalmente no pasan de una o dos decenas de participantes a nombre de toda una universidad o colegio, parece preferir mantener el sistema que puede, finalmente, inclusive llevar a uno de ellos a participar.

En nuestro país, hoy vemos como el presidente Martinelli se sale del patrón de liderazgos anteriores, dista de competir como orador o estadista, mantiene un discurso populachero y sencillo, sin emular a los Chiari, Illueca, Royo, cuya oratoria todos admiramos. Políticamente hablando, hemos retrocedido y no dudo que la presencia presidencial, el discurso presidencial ha venido decayendo de Endara a Pérez Balladares, a Moscoso, a Martín Torrijos a Martinelli.

Pero no hemos retrocedido en todo. En casi todos nuestros países, en esa América india, si bien he ido bajando, producto de la tecnología, la estatura de estadistas y oradores, en otra cosa hemos avanzado, han superado los nuevos al anterior, en corrupción. Todos aceptaremos que la Asamblea Nacional actual es peor que la anterior; la Corte Suprema de Justicia actual es peor que la anterior, pero siempre oiremos que estos, los de ahora, son más corruptos que los anteriores. Triste percepción que el electorado tiene de los órganos del Estado.

¿Podrá algún día un gobernante realmente erradicar la percepción de corrupción? Solo cuando elijamos realmente a alguien que no crea en el dinero, que no crea en los bienes materiales, cuya convicción espiritual de justicia social le lleve a gobernar para ayudar a desarrollar al país, sin enriquecerse. Pedirle eso a un rico, imposible, pedírselo a un pobre, imposible. ¿Entonces a quién?

*INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.