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13 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

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Derecho a la información

El artículo 37 de la Constitución panameña nos motiva a compartir nuestro libre pensamiento y a través de las palabras o por los medios ...

El artículo 37 de la Constitución panameña nos motiva a compartir nuestro libre pensamiento y a través de las palabras o por los medios escritos en todas sus variedades, pero con apego a las responsabilidades legales que provoquen actos atentatorios contra la reputación u honra de cualquier persona y lo extiende a la seguridad social y hasta el orden público. Todos conocemos que existe la calumnia e injuria en respuesta a lo presupuestado en el artículo 17 también de la Constitución, que habla de la institución de las autoridades para velar por la vida, honra y bienes de los panameño donde se encuentren o de los extranjeros que se encuentren en el suelo patrio.

Bueno, puede ocurrir que el sujeto sienta temor a dichas consecuencias y prefiera que un periodista facultado por la ley para no revelar la fuente, lo mantenga en el anonimato mientras y después de verificar la noticia y su publicación.

En otro orden de ideas, la libertad de la información es un tema que alcanza metas ahora con el Hábeas Data, que nos abre el camino a la información no restringida. Todos tenemos derecho a saber lo que ocurre en nuestro medio. A propósito, si esto lo aplicáramos a la base de datos que genera información al deslumbrante aparato denominado Pele Police nos ahorraríamos mucho trabajo si se pública en una página. Una gran cantidad de personas arreglarían su problema con una información adecuada, los archivos de expedientes tendrían una información corregida y no desfasada o los errores procedimentales, por los que los funcionarios no responden, a pesar del daño que producen con la falta de actualización, de esos oficios para conducir o detener que se quedan a flote en el ambiente, pero que el aparatito revive y provoca la automática conducción como la medida restrictiva auxiliadora. Claro que algunos beneficios producen, al acelerar los procesos penales, ayunos de atención por los involucrados.

A veces nos tenemos que aguantar monólogos gritados de personas que discuten por teléfonos asuntos muy ajenos al tema que nos tiene reunidos. Las llamadas en los celulares se han convertido en una impertinencia con prelación sobre el resto de los presentes. Hay otras comunicaciones latosas, como los correos indeseables o las llamadas automáticas para ofrecer planes por las líneas que los usuarios pagan puntualmente frente a los cortes automáticos. Es tan desagradable contestar en los teléfonos fijos a una computadora que cobra con cierto aire cínico. Otras son esas promociones necias que incitan a conversar tonterías, con el objetivo de pagar más. De las tarjetas milagrosas que triplican y cuadriplican ni se diga, un asunto que nadie ataja, pero los que transgreden seguro que no irán al cielo.

Claro que vivimos en un mundo de genialidades, como lo que nos dicen las caricaturas con esos eternos rejuegos de doble sentido. El artista con su pincel escribe sin palabras con asuntos parecidos a las glosas que cotillean a diario con señalamientos preñados de sobrenombres, indirectas o simplemente las señas para que el leyente pueda identificar al señalado. Claro que estamos muy lejos de cumplir con ese manto protector del artículo 17 de nuestra Constitución y la institución de las autoridades para garantizar la reputación hoy tan cuestionada por cualquier badulaque que se las arregla para participar en programas donde le permiten vilipendiar a la Humanidad.

Pero es que en este mundo chocamos con los intereses y las emociones de las instituciones, las empresas, los periodistas organizados y aquel independiente, la línea editorial, los grupos afines o los contrarios, más los consejeros. Todo el mundo sabe qué medios de comunicación están dirigidos de acuerdo a la tendencia afín a los intereses particulares y de allí las noticias salen o no salen. Un buen periodista tratará de corroborar la fuente, de estudiar los entornos y profundizar en la información para publicarla como una noticia concreta.

Podemos apreciar los bandos que se proyectan a favor o en contra de una actividad social. El periodismo y los medios de comunicación social generan una gran opinión pública y no son pocas las veces que pesan en la decisiones oficiales. Tenemos conciencia de lo que se dice a diario con relación a las noticias estatales y las respuestas que genera. Lo malo es que gozamos del privilegio de una escasa posibilidad de lograr que se dé el equilibrio. Si nos vamos a las fuentes informativas que el periodista mantiene en reserva, que provocan el interés en estricta función a los resultados a favor del interesado. Todas las noticias que el periodismo investigativo lleva a cabo, imprescindiblemente llenan el interés particular de quien facilita la información, a menos que se trate de un idealista que prefiere mantener el anonimato, lo que es impropio de estos excepcionales seres humanos.

*ABOGADO Y PROFESOR UNIVERSITARIO EN LA MATERIA.