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18 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Abracadabra

De mi niñez recuerdo las ‘cómicas’ o pasquines que nos compraban como premio a la buena conducta. Era en una de esas donde un personaje,...

De mi niñez recuerdo las ‘cómicas’ o pasquines que nos compraban como premio a la buena conducta. Era en una de esas donde un personaje, no recuerdo el nombre de la niña, teniendo como amigo a un ratoncito pequeño, anunciaba las palabras mágicas de ‘tufi, tifu, tifo, házme tan chiquita como Sifo’ y se reducía al tamaño del ratón Sifo. Recuerdo el miedo que tenía yo al leer las palabras, no fuese que me redujera yo al tamaño de un ratoncito, por lo que me saltaba al leer alguna de las palabras mágicas.

También recuerdo que había en la ciudad un mago, real, el mago Chan. Chan desaparecía cosas frente a nuestros ojos en cumpleaños y fiestas. Chan usaba siempre la palabra ‘abracadabra’, lo que nosotros luego completábamos con ‘pata de cabra’ y tratábamos de imitarlo. El mago Chan nunca fue tan bueno como Mandrake el Mago, figura de otras cómicas, quien —con un gesto hipnótico— desaparecía cosas.

Hoy traigo a la memoria estos magos y al ratoncito Sifo, porque quizás lo que leí de niño y luego pensé que eran figuras inverosímiles, realmente existían. Si no existen ellos, ¿quién es el mago que está logrando desaparecer cosas en nuestro país? Nunca pensé que las cosas realmente se podían perder. Mi nana de niño siempre dijo que si algo no lo encontraba era porque un duende la había movido, pero si la buscaba la encontraría. Por más que los de Monagrillo lo crean, no hay duendes, pero las cosas se pierden. Entonces, debe haber un mago, quizás Chan, quizás Mandrake.

En nuestra historia reciente, a un hospital en el interior se le perdió un piso entero. Broma de mal gusto del mago que parece dedicarse más que nada a perder cosas del gobierno. Más recientemente el alcalde Vallarino dice que en la Dimaud se perdieron nada más y nada menos que 50, sí, 50 camiones recolectores de basura. Aquí el mago demostró su mala fe, pues en lugar de desaparecer los camiones, ¿por qué no desapareció mejor la basura? Por lo que parece, el mago practicó la desaparición de los camiones en la Universidad de Panamá, el rector anunciaba también que habían desaparecido 10 carros de la Universidad.

Podríamos trabajar en el perfil del mago, porque sus trucos dejan ver claramente sus gustos.

Camiones, carros, lectura. Sí, lectura, porque también desaparecieron 23 tomos del caso CEMIS de la mismísima Corte Suprema de Justicia. Pero probablemente gusta también de producir programas televisivos, recuerdo que desaparecieron cámaras y equipos de la televisora educativa, aparte de todo un canal que era, supuestamente, de las Fuerzas de Defensa, visto y desaparecido. Nuestro activo mago ha trabajado además en desaparecer cantidades de dinero, desde los supuestos 20 millones que Panama Ports pagó para indemnizar a los empleados portuarios hasta millones en obras del Estado incompletas o sobrevaloradas. Varios de sus mejores trucos fueron el asfalto en los setenta de la Calle 50, de cuatro carriles, donde el asfalto cubrió solo los dos del centro. O la carretera a Portobelo, contratada varias veces, pero construida solo una. O la carretera en Chiriquí, cuyas especificaciones eran de un ancho y el mago la redujo varios centímetros a cada lado.

Nuestro mago y su famosa ‘Abracadabra’ nos ha desaparecido cosas más valiosas, desde arte en los museos, propiedades incautadas, yates, aviones, dinero cautelado en los aeropuertos. Admito que en algunos trucos ha fallado, como cuando trató de desaparecer unos diamantes en aduanas, pero en otros se ha lucido, como cuando desapareció los muñecos de antaño. El mago aprovechó la invasión de USA y logró grandes desapariciones, hasta 15000 cajas de documentos y todo el inventario de las Fuerzas de Defensa.

Sin embargo, la más preocupante de todas sus hazañas ha sido las desapariciones de intangibles. Con mucha paciencia, nos ha ido desapareciendo el honor, la lealtad, la honestidad, el civismo, la caballerosidad, la urbanidad y hasta la solidaridad. Nos está dejando con una sociedad insensible, materialista, egoísta y deshonesta. Quizás, aunque no encontremos al mago, habrá mejor que invocar las mágicas palabras del otro pasquín, logrando reducir nuestro tamaño al de Sifo, y no ser parte de una sociedad afectada por el mago y su abracadabra, sociedad que cada día será más difícil de corregir y enderezar. Ahora entiendo la verdad de las palabras de mi abuelita: ‘Ni el mago Chan arregla esto’.

*INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.