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28 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

No olvidemos a Spadafora

En la tarde de hoy lunes 13 de setiembre, los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Panamá tendrán un conversatorio sobre lo qu...

En la tarde de hoy lunes 13 de setiembre, los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Panamá tendrán un conversatorio sobre lo que fue la cobertura de uno de los hechos más abominables ocurrido en Panamá hace 25 años. Se trata del antes, durante y después de la detención, tortura y decapitación del doctor Hugo Spadafora Franco. El acto iniciará a las seis de la tarde y tendrá como escenario el auditorio Gil Blas Tejeira de la Facultad de Comunicación Social.

Siento que, pese a la sentencia contra varios de los implicados, incluyendo al preso de Francia, existen algunos detalles claves que todavía se encuentran en la oscuridad. La libertad obtenida, luego de cumplir la condena máxima de veinte años, no los librará del gran juicio final; tampoco de los señalamientos que le haga la sociedad ni mucho menos del martirio diario de sus conciencias.

El 20 de octubre de 1993 un tribunal condenó, en la provincia de Chiriquí, a Francisco Eliécer González Bonilla, Julio César Miranda Caballero y Manuel Antonio Noriega a 20 años de prisión por la muerte de Hugo Spadafora. González Bonilla y Miranda Caballero ya cumplieron con la justicia terrenal, mientras que Noriega sigue prisionero en Francia. En mis reflexiones, sobre este hecho sangriento, insisto en que este crimen involucró a muchos y que el brazo de la justicia no alcanzó a todos.

Ese grupito de maleantes vestidos de militares, esos civiles cómplices y esas autoridades serviles del momento, tendrán que rendir cuentas ante los tribunales de la conciencia. Hace 25 años no solo se apagó la vida de Hugo Spadafora, también la de su padre, Carmelo Spadafora, quien en su desesperación y dolor, sometió a su corazón a angustias extremas, las cuales lo paralizaron en una actividad en la provincia de Chiriquí, para no latir jamás.

Solo recordar aquellos momentos me vienen a la mente los episodios más tristes de la expresión máxima de la barbaridad. Estos hechos y la marca que les ha dejado a los autores materiales e intelectuales; a la familia sufrida y a un pueblo que continúa asombrado, demuestran que la famosa obediencia debida tiene sus límites. Hoy los que acaban de salir de la cárcel, luego de los 20 años perdidos en una mazmorra, no podrán tener libertad de circulación. Ellos saben que por donde pasen habrá un dedo señalándolos.

Hugo Spadafora Franco, llevaba meses denunciando a Noriega; lo hacía en Panamá y en otros países. En la madrugada del 14 de septiembre de 1985 la nación fue sacudida con la noticia; un hombre fue encontrado en la frontera tico—panameña y sus rasgos indicaban que se trataba de Spadafora. Se hicieron los análisis, se comprobaron huellas, para finalmente concluir que era del médico herrerano.

Su cuerpo mostraba signos de tortura; estaba decapitado; sus genitales mostraban la saña de sus verdugos, al igual que su sistema excretor. El columnista Guillermo Sánchez Borbón, en varios de sus escritos, nos recuerda esta conversación telefónica que fue grabada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Francia: Dijo Papo Córdoba, jefe de la zona policial de Chiriquí: ‘Tengo al perro rabioso’; contesta Noriega: ‘¿Y qué hace uno con un perro rabioso?’.

El perro rabioso fue llevado al cuartel de La Concepción; ese mismo que limitaba, (ya no existe), en su parte de atrás, con la iglesia católica. Debieron taparle la boca para que los curas y monjas no escucharan los gritos de dolor. Ese grupito de maleantes, vestido de militar, manchó a una familia respetuosa; deshonró al país y marcó para siempre la vida de los Spadafora.

Hugo Spadafora Franco llegó inerte a la ciudad que le vio nacer; un par de maleantes no solo le arrebataron la vida, también se llevaron su cabeza. Sus restos mortales fueron depositados en el cementerio municipal Melitón Martin, de Chitré, el 21 de setiembre de 1985. Hace más de 120 años se escuchó, por primera vez, la frase que reza así: ‘Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla’. Hoy estamos aquí, recordando este episodio negro de nuestra vida republicana, para que jamás, óigase bien, jamás, permitamos que un crimen macabro, como el de Spadafora, se vuelva a dar.

*DIPUTADO DE LA REPÚBLICA.