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11 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Adelante, Mauricio Nelson

El rojo, no era rojo, y el blanco, no era blanco. Era una amalgama de colores, casi verdolaga; similar a los patios limosos de las casas...

El rojo, no era rojo, y el blanco, no era blanco. Era una amalgama de colores, casi verdolaga; similar a los patios limosos de las casas condenadas, que todavía muchos políticos le remozan su fachada externa en los tiempos de campaña, para ganar simpatía y votos. La mentira cundía, cual gas perturbante en el estómago de los pobres; pero la verdad, cual cuadripléjico nadando en un pantano, se hacía notar paso a paso. Y fue una aciaga llamada, calculada a tiempo y en el lugar preciso, la que dio el tiro certero, el tiro de gracia.

En mis dos recientes visitas a la ciudad de Colón, en un tiempo denominada Aspinwall, confraternicé con distinguidas figuras del foro social colonense y les pregunté su opinión sobre el caso que vincula a Mauricio Nelson, ex comisionado en la provincia, con las cosas oscuras del narcotráfico y sus interpretaciones sobre el particular. Distintas opiniones coincidían en que la pútrida materia que rodea el caso, tiene ribetes y vestigios de un vulgar plante. Como me decían los mismos, todo indica que un niño bonito, un yeyesón colonense podrido en plata, quien papi con todo su poder político protege y algunas autoridades complacientes le quitaron de encima, con una jugada sucia, a su nunca pensado e implacable perseguidor, que estaba a punto de ponerlo entre barrotes por ser quien estaba en el susodicho negocio de marras. Y el verdadero traficante, plantó la semilla, cual jilguero en nido ajeno.

No me cabe en mi acuciosa mente creer que ese plantado oficial que comandaba los distintos mandos y tropas para los días de desfile del 3 de Noviembre, cuyo garbo y donaire hacia romper en aplausos de los ciudadanos y nos hacía sentir orgullos a los egresados del Instituto Militar general Tomás Herrera. El hijo putativo y representativo de Chana, Juana, Pedro, Jacinto y José, mismo que, en la ciudad del Caribe hizo respirar aires de seguridad y protección, se vaya a convertir de la noche a la mañana, por obra y gracia de un testigo ‘bien protegido’ en un delincuente común.

Ese, sí, ese mismo, fue el mismo comandante a quien le dieron la responsabilidad de la custodia y el manejo del área sensitiva de Zona del Canal. Tal vez el mismo desvergonzado calumniador habrá pedido también que se le abra una investigación a Nelson y mande a revisar sus uniformes, para ver si tiene escondida alguna ala de una de las esclusas de Miraflores y que tal vez guarda, para cambiarla por una bolsa de arroz Compita, en la próxima feria del Mida. No se extrañen de que con la conducta alarmista y chismosa con la que obran los malsanos en el Estado o los que acostumbran a detentar el poder a costa del sacrificio de los mejores hijos de la patria, que de repente encuentren que Mauricio tiene vínculos con Bin Laden, el Mulá Omar y los fedayines de Afganistán.

Te aseguro, Mauricio, que si tu apellido hubiese sido uno de los pomposos de la aristocracia que todavía prevalece en el país, aunque fueras culpable, hoy estarías condecorado o como agregado policial en alguna Junta Interamericana o en un país del Norte. Porque, como dice el glorioso y muy respetado Rubén Blades en unas de sus muy gustadas canciones, ‘la verdad es mentira y viceversa’ y en otra ‘alerta, que el que va en motocicleta, ningún carro lo respeta y autobús mejor ni hablar’. Y a ti, te ven en moto, los dueños de los Jaguar, Mercedes y BMW.

He sido, igual que tú, blanco de tiro (más bien cholo de tiro), en muchas ocasiones, y para fregar, tú eres negro. Peor la cosa, porque el racismo en nuestra sufrida Nación todavía subsiste.

Tengo fe en tu inocencia; pero aprende y observa, cómo sobre las acciones de mis aguerridos compañeros y mías, se han trepado montones al poder y luego han usado la fuerza para perseguirme y aquí estoy vivo y cada día dando la cara al Oriente, donde el poderoso Creador nos ofrece su creación y moriré con orgullo y honor, reconociendo que nuestra Alma Mater nos enseñó a servir y no a ser servidos. Que somos una generación que lo que jamás nos perdonarán es que nos atrevemos a enfrentar el poder malhabido.

*POLITÓLOGO.