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14 de Apr de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

Carta abierta al próximo presidente

...hay que...fomentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales y harina fortificadas.

Como miembro, desde hace varios años, de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, le seguimos la pista al sector agropecuario del país y estamos convencido de que el problema es grave y la solución sencilla. Porque al final todo está relacionado con el tiempo que los gobernantes dedican al tema y los recursos que asignan al sector. 


Sabemos que el 2.8 % del Presupuesto General del Estado destinado al campo, es una cifra ridícula y que el 4 % que el agro aporta al PIB es una realidad peligrosa. Pareciera que los funcionarios nombrados para velar por la producción nacional de alimentos no entienden que, independientemente de la importancia del Canal de Panamá, la minería, la construcción, la banca y demás actividades de servicios que comprende la economía del país, si no hay alimentos para la población, de nada valdría el resto. 


Señor presidente, si no alimentamos a la población, el país se va al despeñadero. Su gobierno necesita reorientar sus prioridades y hacer caso omiso a quienes intenten anteponer sus intereses particulares a los del resto de la población. Soy un panameño que quiere lo mejor para el país y para su nuevo gobierno. Pero permítame señalar algo que tal vez nadie se atreva a decirle en el Consejo de Gabinete: hasta ahora, todos los gobiernos han fracasado en rescatar al agro. Señor presidente, no se trata de sembrar en aras de cultivar la tierra; el secreto está ahora en cosechar y promover el consumo de alimentos saludables para frenar la proliferación de enfermedades que causan muchos alimentos y la comida chatarra. Solo analice las cifras de muertes en Panamá por enfermedades no transmisibles y examine el impacto que tiene la obesidad en la productividad y el bienestar del país, y usted me dirá si estamos o no en lo correcto. 


Aquí lo fundamental es crear un mercado donde los consumidores tengan acceso a comida saludable. Para tal efecto, hay que estimular el desarrollo de empresas que fabriquen y distribuyan alimentos saludables. El asunto sería un negocio ganar-ganar: el Estado se ahorraría más de B/. 200 millones al año en gastos innecesarios de salud, los productores podrían explotar un mercado cautivo y exportar a países que actualmente no se imaginan, y los consumidores tendrían acceso a alimentos que ahora ni se imaginan que existen. Por supuesto, estas empresas requieren incentivos, exoneraciones fiscales, tarifas reducidas en trámite de registros sanitarios y rebajas en impuestos municipales. 


Además, hay que crear más espacios en supermercados y ferias libres para fomentar el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales y harinas fortificadas, y darle prioridad a lo nacional como piña, sandía, melón, papaya, guineo y demás frutas de temporada. Hay que incentivar también la producción de alimentos libres de plaguicidas y crear normas sanitarias que castiguen a quienes jueguen con la salud de los consumidores. Ni hablar del sodio, azúcares, transgénicos y demás tóxicos que representan un peligro para la salud; los fabricantes deberán mostrar en sus etiquetas toda la información de forma clara y veraz sobre las cantidades para que sepamos qué y cuánto de estos químicos nos metemos a la boca. 


Señor presidente, si usted quiere pasar a la historia como un hombre de bien y no como un residente más del Palacio de las Garzas, comience a promover el consumo de alimentos saludables en escuelas, centros de diversión y lugares públicos, especialmente donde se practica deportes. Lo invito a eliminar toda publicidad de estadios y cafeterías, que lo único que estimulan es el consumo de comida chatarra. Usted comprende bien, ¿verdad?, que si los panameños comemos mal, nuestras mentes no tendrán capacidad para pensar y nuestros cuerpos no servirán para trabajar. Por eso, cámbiese a lo nuevo y escoja desde ahora su consigna de gobierno: más comida saludable, menos enfermedades y más salud para el pueblo. La gente estará contenta y el resto vendrá por añadidura. Recuerde que las personas normales piensan mejor con la panza llena y entienden más claramente con la cabeza fría. No se le olvide eso presidente. Y muchas gracias por su atención. 


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