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18 de Jan de 2021

Aristides Royo

Columnistas

Estereotipos

En Panamá, como en muchos países, se crean estereotipos, que de tanto repetirlos se convierten en verdades inmutables

En Panamá, como en muchos países, se crean estereotipos, que de tanto repetirlos se convierten en verdades inmutables que la gente suele creer. A los niños se les cuenta que el 24 de diciembre entra Santa Claus por un sitio que nadie explica, dado que en nuestro trópico no tenemos las clásicas chimeneas de los países del hemisferio norte y en las escuelas los profesores de Religión reiteran las teorías del Creacionismo versus las del Evolucionismo, que el papa Francisco respalda, para la estupefacción de los sectores tradicionales del Vaticano. Cuando crecí escuché que si tomábamos jugo de naranja o una limonada era peligroso ingerir un vaso de leche, porque ésta se cortaba al mezclarse en el estómago con el cítrico. La que sí no me creí era la afirmación de que si nos metíamos en el río o en el mar en Viernes Santo, nos convertiríamos en peces y pronto violamos esa prohibición sin que nos saliesen escamas.

Hay una afirmación que suelo escuchar sin prueba alguna, que consiste en expresar que la actual Constitución Política que está vigente, ‘es de corte militarista’. Debo reconocer que tal imputación suele venir de profesionales de ramas distintas al Derecho, pero al fin y al cabo todos los ciudadanos tienen el deber de conocer nuestro texto fundamental y no solo los juristas.

Es cierto e innegable que, cuando la Comisión de Reformas a la Constitución Política de 1946, presentó el proyecto en octubre de 1972, había varios elementos que denotaban la influencia de los militares en la vida política del país. Uno de los artículos se refería a la armónica colaboración entre los poderes del Estado, para luego añadir que entre esos poderes estaba la fuerza pública, es decir, la Guardia Nacional como era conocida en esos tiempos. También se incluyó en la carta magna como artículo transitorio, el nombramiento de Omar Torrijos como Jefe de Estado, cargo que ocupó desde 1972 a 1978. La designación del Presidente de la República se haría por votación de la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos y así fueron elegidos Demetrio Basilio Lakas en 1972 y Aristides Royo en 1978.

No obstante lo anterior, en los años 1978 y 1983, cuando todavía la influencia militar en la vida pública era notoria y en su etapa final determinante, se corrigieron algunas muestras de dicha influencia y cuando en el país se inició la etapa de plena democracia, posterior a la invasión, se hicieron nuevas reformas en los años 1993 y 1994. Con todos esos actos reformatorios, constitucionales y legislativos, la Constitución que rige nuestro sistema político no tiene traza alguna que permita considerarla como de ‘corte militarista’.

Reto públicamente y si estoy equivocado lo reconoceré, a las personas que afirman el ‘corte militarista’ de nuestra Constitución. Otra cosa es que se trate de un texto que debe mejorarse, en el sentido de disminuir el excesivo poder presidencial, mejorar la administración de justicia para que sean escogidos los mejores juristas para ocupar los cargos de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y que al igual que en otros países, tengan períodos más largos en el ejercicio de sus cargos y mejor remuneración, pues no pueden ejercer ni el Derecho ni actividades empresariales.

Muchos ciudadanos deseamos que se produzcan reformas y una Comisión de Notables hizo un excelente estudio que debería servir de base a quienes tengan que discutir y aprobar los cambios. Ojalá no corramos el riesgo de hacer una constitución demasiado casuística, lo que se logra si desaparece la desconfianza de que mediante leyes se cambien principios en los que creen muchos panameños, como es el de evitar el transfuguismo y la prohibición el clientelismo, especialmente el que se deriva del uso de los fondos públicos. Ojalá que se discutan y se aprueben las reformas cuanto antes, pues el país las viene reclamando desde hace años, no porque las normas actuales sean de ‘corte militarista’, sino porque algunas son obsoletas y otras están en el pensamiento de los ciudadanos.

Finalmente, no olvidemos que las instituciones, los derechos y las garantías dependerán siempre de las personas que las deben respetar y aplicar y no lograremos mucho si las reformas son buenas, pero faltan la integridad y el decoro para respetarlas y defenderlas.

ABOGADO

(*) EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y ACADÉMICO NUMERARIO DE LA ACADEMIA PANAMEÑA DE LA LENGUA.