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27 de Jan de 2021

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

Fusilamiento del Cholo Victoriano

A 111 años del fusilamiento de Victoriano Lorenzo, insisten algunos historiadores en pegar mentiras

A 111 años del fusilamiento de Victoriano Lorenzo, insisten algunos historiadores en pegar mentiras. Sobre todo los dogmatizados por el comunismo y quienes respaldan el llamado socialismo del siglo 21. Con tal de echarle la culpa a la famosa oligarquía (Si aquí en Panamá nunca han existido oligarcas, esos son otra cosa peor), no se atreven a decir que la condena a muerte del ‘Capireño’ Lorenzo, fue un infame acuerdo entre el mismo José Manuel Marroquín, presidente conservador de Colombia, con los 25 norteamericanos especialistas, que formalizaron y asesoraron a la Junta ‘Revolucionaria’ del Istmo para zafarse de Colombia (¡A Dios gracias!).

Con Panamá liberado, EE. UU. podría construir el canal, proyecto que tenía mucho menos trabas que la actual ampliación, por lo cual corrió mucho dinero que les fue enviado a un número plural de ‘Rolos’ y paisas godos hasta la finca ‘Yerbabuena’ en Bogotá.

El fusilamiento de Victoriano Lorenzo fue un requisito de última hora del imperio universal como complacencia a los colombianos conservadores. Luego de ese fatídico episodio de nuestra historia, ocurrido el 15 de mayo de 1903, los gringos trabajaron con mayor facilidad en ese mismo año nuestra merecida separación de Colombia (¡Gracias a Dios otra vez!).

No hay dudas, los gringos actuaron como Poncio Pilatos, influenciados por los Godos colombianos, ardidos con Victoriano y les hicieron pensar que ese cholo ‘jucalo’, inteligente y rebelde le dispararía a cuanto cara pálida se asomase por los rastrojos que orillaban al canal.

Lo demás es idilio y mentiras. En los tiempos de Victoriano, Panamá entero estaba dedicada a procrear, aquí no había masas campesinas y la población flotante por el tránsito humano y el comercio, se lo pasaba ‘chupando licor’ o ‘chinguiándose’ hasta la plata de la limosna. Éramos muy pocos, mal contados, no llegábamos a los 200 mil, pero, aún así, financiábamos con los impuestos de los juegos de azar y del ferrocarril las guerras colombianas que no tienen cuándo acabar.

Victoriano Lorenzo fue un exitoso comerciante de mercancía seca antes de convertirse en general de división de los liberales y estos ñángaras quieren embarrarlo con su dogma podrido de remordimientos y fracasos sin pausa.

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