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19 de Jan de 2021

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Mireya Lasso

Columnistas

Proporciones guardadas

El cambio de gobierno que ocurrirá dentro de pocas semanas inspira una especie de déjà vu, algo ya vivido

El cambio de gobierno que ocurrirá dentro de pocas semanas inspira una especie de déjà vu, algo ya vivido, que nos trae el recuerdo de experiencias parecidas. Las particulares circunstancias pueden ser distintas porque el país no es el mismo de antes, pero pienso que hay puntos de semejanzas entre el Panamá de hoy y aquel que amaneció el 20 de diciembre hace 25 años. Algunas similitudes son alarmantes y deben ser corregidas; pero otras, al contrario, son edificantes y demuestran lo que podemos lograr los panameños cuando juntos nos proponemos. Todos los ciudadanos tenemos tareas importantes que acometer.

El Panamá que amaneció aquel 20 de diciembre, como lo recuerdo, era una colectividad resquebrajada por los atropellos y abusos del régimen autoritario, como las recientes infames campañas sucias. Habíamos sido víctimas de un proceso electoral volcado completamente a favor del oficialismo, en contra de la oposición, como quiso reeditarlo ahora el gobierno saliente.Con elecciones abruptamente anuladas ante el abrumador rechazo del electorado, con un estado de derecho destruido, con las arcas del Estado vacías, un país fuertemente endeudado, una economía estancada y un grado de desempleo inadmisible, no había instituciones de gobierno capaces de brindar seguridad ciudadana, ni de garantizar servicios de salubridad, educación, vivienda. Es irónico que hoy, con las arcas repletas, no exista la presumida seguridad en las calles ni servicios de salud o viviendas decentes ni paz entre docentes.

En 1989 no existía Asamblea, Corte Suprema, jueces, procuradores, fiscales, contralor independientes: los poderes eran ejercidos abiertamente desde la Avenida ‘A.’ Hoy tampoco subsisten porque no se les ve actuar como están obligados; el poder pasó de manos del fusil a quienes controlan la chequera y desembolsos del presupuesto nacional. El desenlace aquella mañana de diciembre fue el resultado del desmantelamiento de las instituciones; fue el causante del caos que enfrentó ese nuevo gobierno.

Aunque la situación no es idéntica, hoy muestra rasgos muy parecidos porque el Ejecutivo ha burlado la independencia de los otros órganos, como no debió hacerlo un régimen medianamente responsable. El transfuguismo en la Asamblea y en varios municipios, las amañadas y sospechosas decisiones judiciales, el derroche de fondos públicos capitaneados desde el Ejecutivo y dilapidados sin el control de una Contraloría flemática, evidencian las semejanzas con todo lo que nos llevó al trágico despertar de aquel 20 de diciembre.

La deuda pública actual es también colosal. A pesar de que el auge económico parece augurar los recursos necesarios para hacerle frente, se necesitará, como en 1989, una buena dosis de prudencia en el manejo de los fondos y una mano férrea en la Contraloría para que el dinero alcance para cumplir promesas electorales y continuar nuestro camino de progreso, sin el modelo de desorden y despilfarro heredado.Hoy la tasa de desempleo es inferior a la heredada en 1989. Pero en la mayoría de los hogares de este país se sufre y se resiente la triste realidad de que el subempleo y los salarios formales no alcanzan para lograr una alimentación adecuada y propiciar una vida en familia que fomente los valores morales.

Las soluciones dependerán del esfuerzo de todos. Pero los nuevos gobernantes deberán proponer las políticas adecuadas, como aquel gobierno que supo crear el clima de confianza para desencadenar la iniciativa y la creatividad de la sociedad civil y poder enderezar el país a partir del caos de 1989. Proporciones guardadas, son problemas similares, requieren la misma casta de gobernantes estadistas y corresponderá a otro presidente arnulfista —uso el término correcto — implementar con sabiduría soluciones consensuadas con todos los panameños, como ocurrió hace 25 años.

EXDIPUTADA