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01 de Dec de 2020

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

‘El fin de la fiesta’

‘Hay que relatar esta historia, que es necesario conocer, para no repetir la ignominia que nos gobernó...’.

‘El fin de la fiesta’
‘El fin de la fiesta’

‘Solo hay impunidad mientras se tiene poder’.

Quiero seguir descifrando a este país donde nací, en particular ésta época dura y además tormentosa, la que nos correspondió vivir en esta Presidencia, llena de encendidas declaraciones y descompuestas apariciones en los medios, de desatinados comentarios y veladas amenazas.

Hay que relatar esta historia que es necesario conocer, para no repetir la ignominia que nos gobernó; al igual que, debemos librar todos los días un debate sobre el pasado autoritario, en donde se desbarataron demasiados principios morales y quedan demasiadas cosas por aclarar.

Pensé que con el gobierno saliente se iba a dar en el país un gran cambio en las élites de poder y que iban a surgir nuevos liderazgos políticos a partir de la necesidad de devolverle la dignidad a la política. Me equivoqué, lo que ha proliferado es una clase política sin linderos y mucho más corrupta, pues se robó, hasta las fabulosas partidas circuitales, lo que se conoce en otros países como auxilios parlamentarios. Debo admitir que estimé la voracidad y ambición económica del gobierno saliente, con mucha inocencia y poco pronóstico. Estos señores se ganaron la cúspide del podio, donde la avaricia le ganó a la prudencia.

Es inminente derrotar las mafias que se tomaron al Estado y perseguir esta vasta ‘nomenklatura’ de nuevos ricos, esos funcionarios embriagados por la impunidad del poder. Pertenecen a unas fuerzas asombrosas y taimadas, sin control jurídico y político, que trabajan a la sombra, son las que siguen en mano de la vieja minoría corrupta, que quieren hacer imposible el gobierno entrante, en búsqueda de ser un factor de poder permanente. O se rectifica radicalmente el camino o se declara la Bancarrota Nacional.

Por fortuna, hay un fervoroso respaldo popular y fe en este nuevo presidente, quien debe abrir sendas nuevas a un país, hasta ayer caótico y vencido.

El gobierno saliente abusó y el entrante debe remediar estos abusos. Las expectativas son altas y hemos descubierto el entuerto y no ha sido difícil sacar a la luz el lodo, con el gobierno repleto de tantos actos de viveza.

Existe la decisión política de combatir las ilegalidades cometidas, de desenmascarar las perversiones. Ahora debe haber un seguimiento de causa. Que se designen y actúen rápido los nuevos titulares de los órganos de Control y Fiscalización del Estado, de lo contrario todo el país quedará impregnado de sospecha, si continúa la impunidad. Es por ello que el paso del tiempo no debe disolver las culpas.

Ahora que vuelven a ser mortales de carne y hueso, sujetos a investigaciones que prueben que hubo enriquecimiento ilícito, que se levanten los expedientes y abran los juicios penales, aunque intenten correr ríos de oro para entorpecer y evitar los encarcelamientos.

No puede darse refugio a los que han delinquido, avergonzando a las instituciones de la República, a través de un espeso tejido de intereses que ensombrecen la investigación.

De no cambiarse las cosas que son incorrectas, de no realizar reformas que favorezcan a la mayoría de la población y más para preservar los intereses de la clase política; nos espera, entonces, una vergüenza nacional, una frustración más de credibilidad en la justicia y una desilusión para centenares de miles de panameños, puesto que hay una espera que se agota y una última esperanza y la Patria, merece esa verdad, para restaurar el daño que golpeó con dureza la Nación.

Si se desvanecen las promesas de justicia, si se les perdona y se hace lo posible para que se evaporen en el olvido, entonces, se sembrará en la sociedad panameña un escepticismo moral y un hartazgo ante la impunidad, capaz de abrir paso a cualquier aventura política.

Perdida la fe en los votantes, vendrá entonces el surgimiento de algunos líderes, que impondrán el coraje y la hidalguía, que lograrán sacudir la opinión pública y congregar a multitud de ciudadanos en movimientos sociales, para intentar limpiar el basural que dañó la imagen de la Nación. ¡Y QUE NADIE SE OFENDA! ¡OFENDIDA ESTÁ LA NACIÓN! Y es la Nación la que debe querellar a quienes no supieron cumplir con su deber defendiendo el Honor de la República.

Hoy más que nunca cobra vigencia aquel poema de Borges: ‘Alguna vez tuvimos / una Patria —¿Recuerdas?— y los dos la perdimos’.

ABOGADO