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28 de Oct de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

El drama inhumano de Chitré y Las Tablas

El río La Villa está menos turbio, pero mucho más degradado y peligroso

Es comprensible que gran parte de los ciudadanos de esta importante región panameña esté reluctante a tomar el agua que capta la potabilizadora del IDAAN en el letalmente contaminado río La Villa o El Cubita, que nace en la provincia herrerana.

El río La Villa, si lo comparamos con cualquiera de los ríos que ocupan el ‘top ten’ de la contaminación en la capital, está menos turbio, pero mucho más degradado y peligroso. Pongo por caso al pobre Matasnillo, acostumbrado a ofender con su mal aliento y, a pesar de su corto recorrido, que acelera con sus innumerables afluentes artificiales como cañerías de aguas negras y desechos químicos de poca monta que fluyen desde los sépticos mal construidos de fábricas, edificios y barriadas desde la parte norte de San Miguelito, pasando por Betania, Pueblo Nuevo, Vista hermosa, calle 50 y finalmente hasta la bacinilla de la leal y noble ciudad de Panamá: Punta Paitilla.

La tragedia que están pasando los sedientos provincianos de Azuero, no demorará en poner en aprietos a los ciudadanos de otras ciudades que toman agua de ríos contaminados. ¿Por qué?... Pregúntenle a mi colega Quilito Díaz, presidente de Anagan o a mí mismo. Ambos contestaremos como ya colegimos: Hay que captar las aguas en las partes altas de las cuencas y por gravedad llevarlas hasta las potabilizadoras, esquivando el cauce, como lo hacen de manera sencilla 29 comunidades de Coclé desde el cerro Guacamaya y siete desde Marta (de 40 a 50 kilómetros con tubitos de media, solo que el agua en la tierra de los cholos nos viene fresca, clarita y limpia como la de la tinaja, direct amente a los grifos de las casas).

No saldría caro en Herrera y Los Santos, ¡al contrario! El río La Villa recorre un camino minado de porquerizas, gallineras y sobre pasa al borde de miles de hectáreas de cultivos y ganadería maltratados por muchos años con toneladas de químicos que son transportados por las corrientes hasta las potabilizadoras.

¿Cómo se puede gastar tanta plata para potabilizar un líquido tan enfermo y lo peor, dárselo a beber a las personas?... ¿Contéstenme? ¿Será que estamos ante una cadena de improvisaciones y circunstancias rocambolescas que nos entristecen, porque no hay forma de que el burro salga del atolladero. Siendo el río la Villa una formidable fuente acuífera en sus partes altas. Es hora de detener el delirio del despilfarro que nos acomete y pisar en la tierra, aunque sea un segundo, o será que a los políticos, arrullados por su confortabilidad, no les importa la gente ni su entorno. Para que la gente vuelva a creer, capten agua en las partes altas del río La villa.

El autor cumple tres años conviviendo y trabajando con los campesinos de Piedras Blancas, La Pintada, Coclé.

ESCRITOR