22 de Feb de 2020

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Aram Cisneros Naylor

Columnistas

El rey perverso

¿En Panamá o alguno de los otros 184 países del planeta, sucede algo interesante, innovador u optimista que a un panameño le interesesa?

Fui productor independiente. Mi empresa generó contenidos para Medcom (específicamente RPC Radio, Telemetro Reporta y ECO TV, en Cable Onda). La gente me percibía como periodista, pero hablar ante un micrófono de radio o una cámara de televisión, no me hace periodista. En dichos espacios, me enfoqué en hablar de economía, sin las complicaciones en las cuales los economistas incurren.

La razón de existir de las empresas es la generación de utilidades. Tan frío como suena, es real. Si las empresas no tienen utilidades, no cubren sus costos, no pagan a sus proveedores, no pagan a sus colaboradores los salarios con los que estos mantienen sus familias. Inclusive, para las empresas que creen en la responsabilidad social corporativa, no habría dinero con el cual apoyar comunidades.

Una televisora es una empresa y no escapa a las realidades de cualquier otra. Los ingresos de las televisoras, provienen de los espacios publicitarios que venden a quienes desean anunciar servicios o productos. Es un negocio en el que ganan dinero camarógrafos, editores, las publicitarias y los canales de televisión. Es un negocio con el cual los consumidores se informan de ofertas y lugares donde consumir.

El precio que la televisora cobra por los anuncios, está relacionado con la audiencia que observa el anuncio. Esos niveles de audiencia se denominan ‘rating’ y se miden con un sistema que todos los canales, los anunciantes y las publicitarias, se han puesto de acuerdo en aceptar.

El 20 de julio, en el Knock Out del diario La Prensa, Mercedes Eleta de Brenes, hija de uno de los hombres más distinguidos, elegantes y preclaros que ha tenido Panamá (Fernando Eleta, fundador de RPC Radio y televisión), dijo que ‘el rating es el rey’. Coincido con Baty, especialmente por lo que he explicado arriba. Sí, es un rey, pero en mi opinión, perverso.

Obviamente, entre más elevado el ‘rating’, más caro se vende al anuncio y viceversa. Eso es lo real y lo perverso. Lo es, porque para que subsistan como empresas, el ‘rating’ crea las condiciones para que las televisoras emitan y los televidentes consuman noticieros, en los que el contenido es pobre, chabacano, e inmediatista. Reconozco también que hay excepciones en la programación, como los programas que promueven los valores folclóricos, o la competencia sana en el baile o el canto.

Los periodistas ya no son hombres de pluma poderosa, estudiosos, autodidactas, curiosos y analíticos. Ahora son solo unos lleva-y-trae de sucesos. Los noticieros reflejan dicho lleva-y-trae. Si bien es necesario y legítimo reportar sucesos, ello constituye un periodismo limitado a muertos, accidentes, asesinatos, bochinche político, trivialidades de farándula criolla y mundial. ¿En Panamá o alguno de los otros 184 países del planeta, sucede algo interesante, innovador u optimista que a un panameño le interese ver?

Sí, ya sé. Los oigo... Puedo oír ya a muchos que leen esto. Me dirán que si alguien quiere ver otro contenido, que se suscriba a la televisión por Cable. Argumentarán que los muertos, accidentes, asesinatos, bochinche político y las trivialidades de farándula criolla y mundial, no son imaginarios, son la realidad y deben ser reportados. Me ripostarán diciéndome que ellos no obligan al televidente a ver esos contenidos y si la gente quiere verlos, son libres de hacerlo. ¿Alguien tiene un punto de vista diferente? ¿Tal vez, por ejemplo los periodistas Eduardo Lim Yueng o Hugo Famanía que, aunque presos del sistema, son más lúcidos y analíticos que la mayoría de sus colegas?

Leo todo esto y noto que he cambiado. ¿Será que me estoy poniendo viejo, necio y conservador? Pensé que con 42 años aún soy joven. Tal vez ya no.

*EMBAJADOR DE PANAMÁ EN COREA.