22 de Feb de 2020

Hugo Rosales

Columnistas

Zonificación urbana: ¿vivir con el problema o solucionarlo?

El término ‘zonificación’, significa que la ciudad se divide en zonas, cada una de las cuales debe cumplir cierto rol en el marco de un plan

Los constantes cambios individuales a la zonificación vigente en la ciudad de Panamá se presentan como un problema recurrente. Se abusa de estos cambios. Los ciudadanos se quejan. Las autoridades prometen revisar. Las cosas se tranquilizan; todo vuelve a la normalidad. El problema se mantiene.

El término ‘zonificación’, significa que la ciudad se divide en zonas, cada una de las cuales debe cumplir cierto rol en el marco de un plan predeterminado, con base en el conjunto de características urbanísticas que poseen. La zonificación en Panamá no surgió con base en este principio, sino todo lo contrario. En un inicio (hace cerca de 50 años), a cada parcela o lote sobre la cual se deseaba construir un proyecto inmobiliario, la Junta de Planificación Municipal le asignaba un código de zona, al cual se le hacía corresponder un conjunto de normas u ordenanzas que regulaban el tipo de uso del suelo y la configuración volumétrica del edificio.

En los primeros años de la década del 70, el Ministerio de Vivienda hizo una recopilación de esas asignaciones individuales de código de zona y publicó la primera versión de la Carpeta de Zonificación de la ciudad de Panamá. El asunto nació desvirtuado y así se ha mantenido, pese a los esfuerzos, en años posteriores, por otorgarle una visión coherente e integrada que respondiese a los objetivos de desarrollo sostenible de nuestras ciudades. Algunos de esos esfuerzos son los denominados Planes Normativos para las ciudades del interior, elaborados en los 70’s; el Plan Metropolitano, elaborado a finales de los 90 y los planes de zonificación y de rezonificación elaborados para algunos corregimientos de la ciudad capital, en los últimos 25 años.

Todos esos planes tienen dos cosas en común: ni el gobierno central ni los municipios los cumplen y, lo que es más grave, tanto uno como los otros, los modifican precisamente recurriendo a los injustificados e inconvenientes cambios individuales a la zonificación establecida en los mismos. El problema no es, pues, la zonificación por sí misma. Tampoco consiste en los cambios individuales que resulten necesarios para permitir la evolución dinámica de las ciudades, lo cual se entiende debe ocurrir sin perjudicar la calidad de vida de los vecinos. El problema real es la falta de voluntad política de los gobernantes, tanto el Órgano Ejecutivo, como el Legislativo y los propios municipios, para crear mecanismos técnicos y legales que garanticen, en materia de Urbanismo, que la propiedad privada puede cumplir su función sin perjuicio del derecho que tienen los ciudadanos de disfrutar su ciudad.

¿Cuáles son los elementos fundamentales de esos mecanismos técnicos y legales? Señalo algunos. Los municipios tienen que asumir el rol que la Constitución y las leyes les otorgan en materia de ordenamiento de su territorio, incluyendo las áreas urbanas localizadas dentro de sus circunscripciones político-administrativas. Los ciudadanos tienen que exigir su empoderamiento para lograr que sus vecindarios mantengan una zonificación con altos estándares de calidad ambiental y urbanística y para ello deben contar con voz y voto en las decisiones que se tomen.

Las solicitudes de cambio individual a la zonificación deben estar previamente tipificadas en ambos sentidos: señalar con toda claridad en qué casos se deben negar tajantemente, en primera instancia; y señalar también, bajo qué circunstancias urbanísticas se pueden admitir, sin que ello implique que se vayan a negar o a aprobar.

Las decisiones que se tomen en los casos que se admitan deben ser colegiadas, con participación primordial de la comunidad y basadas en criterios objetivos claramente identificados con anticipación, eliminando así la conocida discrecionalidad del funcionario de turno.

Las llamadas normas de zonificación deben desagregarse en dos tipos: aquellas que hagan referencia solo a los usos del suelo, densidad de población y a la altura de los edificios dentro de cada zona, se deben mantener como parte integral del concepto de zonificación; las demás normas, como retiros, estacionamientos, configuración del lote, porcentaje de ocupación y otras que surjan, se deben considerar dentro de una reglamentación o normativa de emplazamiento edilicio que atienda cuestiones de seguridad, medio ambiente, privacidad y salud pública.

¿Quién asume el reto? El nuevo alcalde de la ciudad capital dará inicio al proceso de municipalización del Urbanismo en Panamá? La nueva Asamblea Nacional mostrará su imagen de independencia creando la Ley de Zonificación Urbana? O dentro de dos años tendremos recurrentemente a los medios reportando sobre las quejas interminables de los ciudadanos ocasionadas por los cambios individuales a la zonificación?

*ARQUITECTO URBANISTA.