20 de Feb de 2020

Gisela Pérez – Polo

Columnistas

Receta para un enfermo en cuidados intensivos

"Se fue el maestro que tenía claro que la diversidad de intereses debía ser articulada en un partido político. Se fue el amigo"

‘ ¡Paren, que esto no es un censo!’, dijo el general Omar Torrijos Herrera en 1979, cuando iban por el segundo día de inscripción del Partido Revolucionario Democrático (PRD) y alcanzábamos una membresía de más de 60 000. En aquel entonces, cursaba yo, el sexto año de la secundaria y se respiraba en el país un ambiente con aroma a patriotismo.

El PRD arrancó con la fuerza del pueblo que necesitaba agrupar, unificar su decisión de no permitir que se le gobernara a espalda de sus intereses.

Ascanio Villalaz Paz, responsable con Gerardo González y otros, de organizar el partido, no pudo culminar su obra cumbre que era la escuela de cuadros, donde se enseñaría el concepto Revolucionario Demócrata a todos los miembros del PRD. El 7 de abril de 1981, partió inesperadamente a un viaje sin retorno a la Patria Celestial.

Se fue el organizador por excelencia del PRD. Se fue el maestro que tenía claro que la diversidad de intereses debía ser articulada en un partido político. Se fue el amigo. El político que entendía que había que formar una voluntad colectiva nacional popular y al mismo tiempo organizar activa y operativamente la transformación intelectual, cultural y moral del país. Dejó un irremediable vacío.

Tres meses más tarde, sin habernos recuperado del desierto que vivíamos en el corazón del PRD, nos sorprendió la muerte de nuestro querido compañero y guía Omar Torrijos Herrera. Se fue el protector, se fue el Hombre Grande. Se fue el padre, el mandatario que, con su sabiduría natural, era capaz de mantener un justo equilibrio entre la diversidad de clases, ideologías y credos. Desapareció aquel hombre que decía que ‘el país necesita una fuerza de unidad nacional ajena a todo sectarismo’. Dejó inconcluso el Proyecto de Liberación Nacional, que apenas empezaba con la recuperación del Canal.

Quedamos huérfanos, sin rumbo, con un inmenso dolor que todavía subyace en el alma colectiva de aquel viejo PRD de la década del 70 y 80. Ya no hubo más balance entre las izquierdas y las derechas. La llamada ‘tendencia’ se corrompió y sucumbió. No hubo igualdad de oportunidades entre las clases sociales.

La invasión estadounidense nos tiró a la lona. No obstante, gracias a la fortaleza política de aquellas generaciones que acompañaron a Omar Torrijos Herrera en su corta estancia por este mundo, levantaron al partido como el ave fénix. Esa gente sí tenía y tiene estatura moral, amor por la Patria y voluntad de sacrificio.

¿Cuándo crecimos de esta manera desproporcionada, que nos convertimos en una masa amorfa carente del ‘credo de la Patria’ y de la personalidad revolucionaria que caracterizaba al colectivo? No hay Proyecto País.

¿Por qué nuestros secretarios generales no repitieron el grito del general: ‘¡Paren eso, que no es un censo!’. Fue una apertura equivocada.

Estoy segura de que no se dieron cuenta de las aviesas intenciones de un grupo de aspirantes a puestos electorales, al inscribir y trasladar, fraudulentamente, de residencia a personas, para garantizar su llegada al poder político.

Así se nos coló el clientelismo, los delincuentes que actualmente tienen el control del PRD, el crimen organizado.

Martinelli y los cuatro jinetes del apocalipsis (Juan Carlos, Benicio, Crispiano y Pineda) han enmugrecido al PRD.

Pero no todo está sucio. Lo demostramos estos cinco años quienes enfrentamos con valentía a quienes se vendían al capo, y los cuatro miembros del CEN que renunciaron asqueados de la podredumbre que los asfixiaba.

El PRD está en cuidados intensivos, pero no está desahuciado.

Receta urgente: 1. Acortar kilómetros de distancia entre las elites y la membresía del PRD. 2. Una estrategia de creación de poder a las bases del partido, mediante la formación política, cultural e intelectual y que sean ellos quienes participen en la innovación de la estrategia para separar el trigo de la cizaña. 3. Sin miedo ni agendas ocultas, devolvamos el poder que un día tuvieron las bases, cuando vivían Ascanio y Omar. La energía y la fortaleza del líder, se genera con el poder de abajo.

Como me dice un viejo amigo: ‘Cuando la masa asume nuestra estrategia, la idea se transforma en materia’.

Será esa idea la que concretará el saneamiento del PRD.

FINANCISTA