Temas Especiales

20 de Oct de 2020

Mauro Zúñiga Araúz

Columnistas

El futuro del Canal

Nuestro país no escapa de aquella sentencia que reza que la ‘historia la escriben los vencedores’.

Las opiniones que se han emitido en torno a la conmemoración del centenario del Canal el pasado 15 de agosto, han dejado al descubierto los grandes vacíos que tiene la historia de Panamá que se les enseña a los estudiantes, a pesar de los importantes aportes que han hecho historiadores, sociólogos, filósofos y otros investigadores. Nuestro país no escapa de aquella sentencia que reza que la ‘historia la escriben los vencedores’. En esa dirección, en vez de avanzar, vamos en franco retroceso con la eliminación de la cátedra de las Relaciones de Panamá con los EE. UU.; seguro estoy de que esa no fue una iniciativa del gobierno anterior, sino una orden del Imperio, interesado en borrar los graves daños que le han provocado a nuestro pueblo desde el siglo XIX.

Panamá es un protectorado yanqui desde 1846, cuando se firmó el tratado Mallarino-Bidlack entre la Nueva Granada y los EEUU. Si se revisa la cláusula 35 de dicho tratado, podemos confirmar las ilimitadas facultades que se les confieren a los EE. UU. A pesar de que el gobierno granadino le da otra interpretación, el secretario de Estado de EE. UU., Frederick T. Freylinhuysen, expresó públicamente que con los mismos, Panamá se convirtió en un protectorado de los EE. UU. Sabido es que si a los gringos se les da un dedo, se tragan hasta el brazo. Sabido es, también, que sus interpretaciones son inapelables.

Los tratados Urrutia-Thompson firmados entre Colombia y los EE. UU. el 6 de abril de 1914, sin participación del gobierno de Panamá, son una muestra ineludible de nuestra condición de protectorado. Lo que se resalta en dichos tratados es que se fijan, por un lado, los límites territoriales entre Panamá y Colombia y, por otro, los EE. UU. le pagan a Colombia un monto acordado en concepto de indemnización por la separación de Panamá. En ellos los EE. UU. aceptan su responsabilidad en nuestra separación de Colombia el 3 de noviembre de 1903.

Por otra parte, la lucha de los panameños por la soberanía política y la independencia económica data desde las primeras décadas del siglo XIX. Luego de los Mallarino-Bidlack, los EE. UU. han participado activamente para impedir tales objetivos. Posteriormente, el sabor amargo de los tratados Hay-Bunau Varilla caló muy hondo en la conciencia del ser nacional. Los trágicos sucesos del 9 y 10 de enero de 1964 fueron un punto de inflexión en la lucha nacionalista para abolir ese ignominioso tratado, apoyado por la postura patriótica del presidente don Roberto F. Chiari, de romper relaciones con EE. UU. Con los tratados Torrijos-Carter, 7 de septiembre de 1977, se nos devuelve el Canal, pero se introdujo la reserva De Concini, que autoriza a los EE. UU. a intervenir si, a juicio de ellos, el canal está en riesgo.

Con la colosal deuda que nos dejó el gobierno anterior, de $24 000 millones, la que es impagable, me he preguntado lo que sucederá una vez que las Instituciones Financieras Internacionales nos exijan el pago. ¿Seguiremos destinando gran parte de nuestro presupuesto para pagarla, con lo que desatendemos las grandes necesidades sociales de la población o le tendremos que dar nuestro principal activo material, que es el Canal?

MÉDICO