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06 de May de 2021

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Neoliberalismo y salud: lo que no dicen del ébola

Columna de opinión de Roberto A. Pinnock del 23 de octubre del 2014

Hace poco Vicenç Navarro, un docente de la prestigiosa escuela norteamericana de Salud Pública Johns Hopkins, citó un informe elaborado por el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de EE. UU., de reconocida confiabilidad, que cuestionó las cifras proporcionadas por la Organización Mundial de la Salud sobre el número de casos de la enfermedad causada por el virus del Ébola, el cual señalaba que probablemente los números sean mucho mayores: alrededor de 20 000 casos (Ver: Público, 15 de octubre 2014). ¿Por qué el ocultamiento de estas cifras? ¿Temor a un injustificado pánico?

El CDC, nos revela el Dr. Navarro, también indicaba que hoy la epidemia se centra en tres países del oeste de África, Liberia, Sierra Leona y Guinea, donde las infraestructuras de higiene, salud pública y servicios sanitarios son muy deficientes, habiendo empeorado en los últimos años como consecuencia de las políticas de austeridad del gasto público, incluyendo el gasto público sanitario, impuestas a tales gobiernos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, instituciones conocidas por sus políticas de ‘ayuda al desarrollo’, las cuales se centran, entre otras medidas, en la reducción del gasto público a fin de reducir su déficit y deuda públicos (Op. cit.).

He aquí donde están las causas profundas de lo que se obvia en toda la difusión mediática de esta epidemia. Con independencia de que fuesen verdad las versiones de descontrol de manipulaciones genéticas de motivaciones geopolíticas de los imperios occidentales, esta epidemia encuentra una condición suficiente para su presencia masiva en el deteriorado sistema de servicios públicos de salud, fruto de las políticas de control del gasto social impuestas por los organismos internacionales que favorecen el florecimiento de las corporaciones transnacionales, en estos países.

Se sabe, que la mayoría de la población de esos tres países vive en condiciones de extrema pobreza, comparables a nuestras zonas indígenas o a Haití. Pero que poseen abundantes recursos minerales expoliados por corporaciones transnacionales, cuyas ganancias se exportan a Europa y Norteamérica y algunas migajas se dejan a las élites gobernantes de tales países, para que garanticen la docilidad de sus pueblos. ¿Se parecerá al caso panameño, en referencia a la actividad minera de cielo abierto donde nuestro país apenas recibe menos de 500 dólares por cada 10 000 que generan de ganancias?

El asunto es que cuando se observa que las naciones vecinas de Liberia, Sierra Leona y Guinea, (o sea Nigeria y Senegal) han avanzado rápidamente en el control de la epidemia y se contrasta con el gasto promedio del recurso asignado al sector de salud pública, que es más alto que el de aquellas, la correlación (ébola-vulnerabilidad del sistema de salud pública) se vuelve en buena medida, explicativa.

Cuando se constata que los médicos cubanos que ya entraron en contacto personal con los afectados y a ninguno le ha ocurrido lo de las enfermeras de EUA y España (de las que no se dice que se contagiaron no por no seguir los protocolos, sino porque la indumentaria usada no tiene el nivel de bioseguridad que la de los cubanos) se evidencia la certeza de aquella correlación. Sin duda, están obviando que el control del gasto público en salud, en este caso del equipamiento de seguridad adecuado, en el que también incurren los países ‘desarrollados’ cuando siguen las estrategias neoliberales, supone considerar a la salud como cualquier mercancía; por tanto, si no da ganancias pecuniarias no se invierte en ellas, o si se invierte en ellas, es con ‘megaproyectos’ y ‘megagastos’, pagando con nuestros recursos lo que puede obtenerse con adecuada calidad a menor precio.

Pareciera que nuestras autoridades de salud ignoran que en esta materia, Cuba por sus resultados sospechosamente desconocidos, es tan de primer mundo o más que los países que estos nos ponen como ejemplares. En tal sentido, opino que mejor provecho le sacarían a los 10 millones de dólares que el Gobierno dice haber dedicado para la prevención del ébola en Panamá, obteniendo los equipos y asesoría de alto nivel de este hermano país... a precios de país subdesarrollado. Las ideologías ni matan ni previenen este virus.

*SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.