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26 de Nov de 2020

Mario A. Rognoni (Q.E.P.D.)

Columnistas

Mi Panamá

"Pero cuando pienso en Panamá... me pregunto si se sentirían orgullosos de lo que hemos hecho de ella"

Mi Panamá
Mi Panamá

Siempre aprovecho las fiestas patrias para descansar, pasados los años en que participé en desfiles y pasados los años en que tuve que participar por mis hijos, ya puedo aprovechar estos primeros cinco días de noviembre para reflexionar, pensar, descansar. Por unos días, no me preocupa quién será contralor general de la República ni procurador general, mucho menos procurador de la Administración. Mis preocupaciones son más triviales, ¿quién me hará almuerzo y cena con la empleada libre?, ¿podré llegar al cine sin toparme con un desfile?

Pero cuando pienso en Panamá, esa patria soñada y diseñada por los próceres, me pregunto si se sentirían orgullosos de lo que hemos hecho de ella. Quizá debemos sentirnos orgullosos, en poco más de 100 años el Canal es nuestro, nos produce más de mil millones de dólares al año, tenemos un crecimiento económico envidiable, tenemos ciudades y pueblos desarrollados, tenemos un centro de compras del área centroamericana, somos una nación pacífica donde aceptamos a todos los que vengan con buena voluntad a trabajar con nosotros, hay pobreza, pero hay planes sociales que buscan mitigarla y resolverla. Somos libres, soberanos, independientes y neutrales. Pero...

Tenemos defectos. Tenemos una sociedad con un grado de permisividad a la corrupción alto, donde vemos como corruptos a los que roban millones al Estado, pero no vemos corrupción en la evasión de impuestos, en el no pago de los salarios correctamente, en la compra y venta de exámenes en los colegios, en el arreglo de una boleta de tránsito, en los sobreprecios en los comercios o la mentira en la publicidad. No, eso, lo llamamos juegavivo y vale. Todos tenemos nuestra propia definición de corrupción.

Y es allí donde quisiera soñar por un momento. Soñar que el panameño formará una gran cruzada nacional para mejorar nuestra calidad de vida. Una cruzada que nos lleva a ser caballerosos en el manejo, atentos en nuestro trato a adultos mayores y discapacitados, honestos en nuestro diario vivir. Una cruzada donde veamos mal a quien tira basura a la calle, veamos mal a quien cruza la calle fuera de las líneas para ese efecto, veamos mal al conductor desordenado que utiliza los hombros o bien hace giros prohibidos. Una cruzada que convierta a nuestras ciudades y pueblos en ejemplos de orden, limpieza, buenas costumbres y muestras de caballerosidad.

Tratemos de reducir la agresividad que hoy impera en nuestro diario vivir, evitemos la impaciencia y el apuro desmedido que nos hace convertirnos en agresores de otros ciudadanos. Vivamos en el país que nos merecemos, diseñado por nosotros y regulado por nosotros mismos. Nuestro país tiene muchas cosas buenas, muchas cosas ejemplares para otros, pero lamentablemente nosotros mismos estamos matando la calidad de vida. Con un poco de esfuerzo de parte de todos, podemos volver a la ciudad soñada.

Sé que en estos días los ánimos y la paciencia llegarán a los límites de muchos, retornando a la ciudad tras días de fiesta en el interior, pero si mentalmente iniciamos en este regreso a casa nuestro aporte a la nueva ciudad de Panamá evitando la desesperación, la impaciencia, la grosería y rudeza en el manejo, iniciaremos con buen pie el cambio.

El resto de las cosas tendrá igualmente solución, con funcionarios que entiendan que los problemas de la población muchas veces no pueden esperar por una solución, una población sin agua por semanas requiere atención inmediata, una escuela sin profesores o sin las facilidades para los estudiantes no pueden esperar a que los funcionarios decidan atenderlos. No es tema de discursos presidenciales ni promesas de directores o ministros, es acción inmediata.

Si el Gobierno actual le imprime velocidad a la atención de los problemas populares, si los precaristas se sienten atendidos, aunque la solución demore, si los conductores del transporte público ven con transparencia la búsqueda de la solución, si aquellos que no tienen agua se sienten respaldados por el IDAAN en la búsqueda de su solución, no habría cierres de calles ni demostraciones populares afectando a toda la ciudadanía.

En 1903 nació el sueño, en muchos aspectos hemos cumplido las diferentes generaciones de panameños, pero aún nos falta esa milla final, esa milla donde logremos proyectarnos como una nación solidaria con los más necesitados, capaz de atender las necesidades de toda la población, organizada y pacífica. Panamá está destinada a ser el ejemplo de nación para todo el continente, abierta a todos los que quieran compartir con nosotros el esfuerzo por superarnos y capaces de seguir mejorando nuestras vidas.

*INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.