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15 de Nov de 2019

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

La crisis de la Zona Libre de Colón

‘Las autopistas de la comunicación son a la era actual lo que los ferrocarriles fueron a la era industrial’.

La crisis de la Zona Libre de Colón

‘Las autopistas de la comunicación son a la era actual lo que los ferrocarriles fueron a la era industrial’.

Se ha precipitado el fin de una era de más de 60 años de buen funcionamiento de la Zona Libre de Colón. El modelo económico que imperó se ha agotado y el riesgo de resquebrajarse aún más, permanece latente, a menos que rediseñemos e implementemos medidas de inmediato que corrijan el desplome que venimos presenciando.

Se ha terminado un periodo y viene otro, se acabó y también una etapa de crecimiento y generación de riqueza.

La globalización llevó a la economía mundial a desaparecer fronteras y aranceles. Las repercusiones son preocupantes: despidos masivos, cierre de empresas, fusiones, cuenta astronómicas por cobrar, centenares de millones se han esfumado. Vemos con gran preocupación cómo la cadena de distribución de productos, desde el área segregada hacia gran parte del continente, ha empezado a colapsar.

No deberíamos sorprendernos, ya lo presentíamos, habían señales evidentes. Lo habíamos denunciado desde hace tiempo; los que promovimos el proyecto multimodal, hace más de 10 años que debíamos volcarnos hacia un nuevo modelo de desarrollo, a un Centro Logístico Multimodal. Pocos se inmutaron; pues se seguían beneficiando; la política, la pequeñez mental, el desinterés y la mezquindad fueron más fuertes.

Ahora es tiempo de refundación y audacia. De reingeniería y modernización. De diversificar y ampliar las operaciones. El Estado debe acudir al rescate, escuchando las recomendaciones de los conocedores, quienes son los empresarios que pueden aportar experiencia e ingenio.

No había ocurrido jamás. Por primera vez en la historia de la Zona Libre de Colón atravesamos una crisis de esta amplitud; donde están confluyendo, coincidiendo y combinándose muchos factores externos e internos. Cada uno de ellos agravando así, de modo exponencial, el deterioro del área.

Por mucho que se pretenda minimizarlos la gravedad del momento, lo cierto es que nos hallamos ante una epidemia fulminante de inédita magnitud, cuyos efectos sociales apenas empiezan a hacerse sentir y que pueden detonar con brutalidad en los próximos meses. Lo anterior nos conduce al inicio de la pérdida de miles de puestos de trabajo; de la crisis económica hemos pasado a la crisis y sufrimiento social, tales como despidos, subempleo, exclusión, aumento de la delincuencia y el tráfico de drogas.

Un cúmulo de factores externos han afectado la Zona Libre, como el arancel a la importación impuesto en marzo de 2013 al calzado y a los textiles en Colombia; las deudas pendientes de pago de empresas venezolanas; las compras directas a China; de parte de los clientes tradicionales; la proliferación de zonas de libre comercio en el hemisferio; la necesidad de atraer otro tipo de empresas (‘call centers’, sedes corporativas, empresas y servicios logísticos); la falta de mercadeo internacional y las recientes devaluaciones de moneda en los países del área.

Entre los factores internos que contribuyeron a su deterioro están: el aumento significativo en costos operativos; imposiciones fiscales; desventajas comparativas con el Área Económica Especial Panamá-Pacífico (obligante la equiparación); la falta de regulación vial interna; la necesidad de integrar el movimiento de carga a los diferentes sectores (Coco Solo, Coco Solito, France Field); la carencia de estacionamientos; destinar los recursos de la institución a inversiones, no al financiamiento de obras costosas; necesidad de regular servicios generales como restaurantes, compras al detal de extranjeros; la dotación de baños públicos y otras facilidades para los compradores; implementar un sistema contra incendio para reducir primas de seguro; reformar la anacrónica Ley Orgánica de 1948; implementar medidas que refuercen la seguridad del área; reactivar el área de Davis, dotándola de servicios administrativos; prohibir el crecimiento desordenado; la necesidad de dotarla de mayores incentivos fiscales, laborales y migratorios, la subutilización de un aeropuerto internacional de carga y pasajero; al igual que las 150 hectáreas ubicadas al Nordeste de la terminal aérea; la fiscalización o restricción cada vez mayor de la circulación de capitales, es decir, el boicot financiero, afectando nuestras operaciones comerciales; la apolitización de la Zona Libre; exigir el inicio de las construcciones en los sectores de Coco Solo y Coco Solito; el retraso a ingresar a la nueva era del comercio electrónico, cuya característica central es el transporte instantáneo de datos y la proliferación de relaciones y redes electrónicas.

¡Movilicémonos para corregir sus anomalías! ¡Rescatémosla del riesgo que afronta!

ABOGADO