Temas Especiales

29 de Oct de 2020

Enrique Gómez Duarte

Columnistas

El hombre y la política (I)

De este escenario no se escapa ni la Doctrina Cristiana.

Sostener que existe un sistema político superior, es una falacia. La vida del hombre ha sido una permanente lucha por conseguir un sistema sociopolítico que le garantice una vida digna.

Desde Mesopotamia, Oriente Grecia y Roma, hasta la Revolución francesa, norteamericana, bolchevique o las de América Latina, la historia, con raras excepciones, ha sido la misma. Sin importar su motivación ideológica o sus avances, los movimientos sociales se descomponen, se truncan o cambian de rumbo, ante el surgimientos de individuos o grupos que, al liderizarlos, se adueñan de ellos y de los objetivos alcanzados, mientras las masas poblacionales, con sus necesidades e ideales, se ignoran o se olvidan.

De este escenario no se escapa ni la Doctrina Cristiana. Fundamentada en la creación de un reino basado en el ‘Amor al Prójimo', después de Jesús de Nazaret está novedosa creación sociopolítica sufrió una serie de modificaciones, inclusive, atentadoras de la vida humana y el desarrollo científico, cuando, a través de la Santa Inquisición, se sometió al hombre a los intereses eclesiásticos, bajo la pena de perder la vida en la hoguera si se reusaba.

La misma suerte corrió la Democracia. Surgida de los movimientos populares más grandiosos conocidos y con el objetivo de eliminar radicalmente los regímenes políticos inhumanos de la época; la Revolución francesa y las independencias americanas, originan este nuevo sistema político.

Sin embargo, la Democracia, que debió brindarle al hombre el derecho de ser escogido como gobernante, como también el de elegirlo, prontamente se convierte en un nuevo estilo de Dictadura Política, cuando los altos costos de las campañas electorales solo pueden ser sufragados por la alta clase económica, quienes terminan imponiendo los candidatos de su círculo social, para luego repartirse entre ellos, cada cuatro o cinco años, el país; mientras relegan a las clases populares a triste espectadores del sistema y a simples depositarias del voto electoral.

Tampoco se puede afirmar que los sistemas políticos derivados de la Revolución rusa de 1917 tienen una composición superior, porque en el trayecto también se convirtieron en un gobierno permanente, donde su finalidad social es utilizada para mantener un régimen que terminó derrumbándose como resultado de sus propios errores; pese a que en naciones como China, Cuba... se mantienen, aún en contra de las presiones del Capitalismo Internacional, lo cual nos induce a especular sobre su motivación, fundamentación y desarrollo.

Sigue mañana...

PROFESOR DE HISTORIA.